Vilagarcía se rinde al líquido elemento

F. Iglesias VILAGARCÍA

SOCIEDAD

MARTINA MISER

La villa combatió el fresco verano que nos ataca en el remojo de la Festa da Auga Más de diez mil mojados clamaron por el agua como si vivieran en el desierto

16 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

A El sol se hizo de rogar. Tardó en llegar a la cita matinal que tenía con el San Roque húmedo de Vilagarcía. El retraso no atemorizó a los que, a mediodía, esperaban que el agua fuese como lluvia artificial y empapara por fuera lo que en tantos casos había sido empapado por dentro con líquidos embotellados. El pregón de San Roque se escuchó poco, como todos los años, que era mejor que lo hicieran con mímica para ver si a así las peñas prestaban atención. Las muchachas, los muchachos, los paisanos, están junto a la capilla del santo con perro para atender al inicio oficial de la fiesta, el pregón es una circunstancia. Desde ahí comenzó la bajada hacia los camiones de bomberos. Por el camino, como es lógico, los vecinos de los pisos se asoman con su caldero de agua convenientemente lleno. Baldeando a la multitud, por supuesto. Lo de los camiones es más, es el rito último de la fiesta. Hay unos cuantos señores subidos a las cisternas y van regando sistemáticamente a quien se lo pide y a quien no. La gente no se moja, se empapa a conciencia, como para todo el año. Como el día no acompañó, se miraban en Vilagarcía caras de frío de quien no había tenido la prevención de, previamente, calentar algo el cuerpo por dentro. Para cuando salió el sol, había cierta retirada, pero los más decididos tuvieron tiempo de ocupar los parques para secarse.