Bailad, bailad, malditos

Mariluz Ferreiro REDACCIÓN

SOCIEDAD

XURXO LOBATO

El verano alarga la noche y envía a más trasnochadores a «afterhours» y locales sucedáneos La «movida» invade la luz del día y los locales gallegos ya se han «preparado»

02 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Las vacaciones de verano estiran las noches tanto que invaden las mañanas y limitan con el mediodía o incluso se solapan con la tarde. Un recorrido por los afterhours o por sus sucedáneos (en realidad, en lo que a Galicia se refiere, los after genuinos sólo proliferan en Vigo) es un moderno safari. Y más en verano, donde se incrementa la variedad de especies que pueblan el hábitat nocturno. El explorador se dispone a entrar en territorio desconocido. Desde ese oscuro lugar con sabor a clandestino (alguno hasta con timbre y con portero siniestro), cuna de leyendas urbanas y donde sólo el hecho de entrar dispara la adrenalina, hasta el luminoso local levantado para mayor gloria del techno con luces que se convulsionan al ritmo de la música y con pasaporte para viajes alucinantes. El antro y el luminoso templo dance son territorios opuestos de un planeta anti-horario europeo en el que también hay lugar para las discos de ambiente, la movida más in (en la que lo lógico es pedirle al pincha esa versión que Susana Baca realiza en su último disco del tema The Anchor Song , de Bjork), las discos consagradas al bailoteo menos trascendental con el tema del verano como letanía, los que envuelven la salsa con media-luz para deleite de los maduritos y los llamados directamente desguaces por el estado y/o la edad de sus clientes. Personal La fauna es digna de tan variada geografía. Para empezar, abunda el macho español con enésima copa en mano. Entre las manadas masculinas (que suelen multiplicar en número a las de las féminas) abunda el especimen he-dejado-a-mi-novia-en- casa-y-voy-a-ver-lo-que-cae . Y muchos se acercan a su presa con un «te conozco», ese moderno «doctor Livinstong, supongo». Seguramente un apreciable porcentaje ataque enfundado en la inefable camiseta «Antonio se casa», porque los integrantes del ritual de la despedida de soltero/a se reproducen con el calor al mismo ritmo que los bodorrios. Quizás al depredador le responda una chica con banda cruzada sobre el pecho a lo Miss España que también esté despidiendo soltería de su amiga del alma y se encuentre extremadamente alegre con la faena. O puede que la agraciada sea la niñata que agita su zumo de piña con licor de melocotón y sin embargo lo que se mezcla en su cabeza son felicidad y el remordimiento: «Nunca me había quedado tan tarde, pero como mis padres se han ido de viaje y he salido con mis primos de Andorra...». La escena se completa con el pincha de fondo, pasando de peticiones surrealistas en las que habla el alcohol y no el cliente, y el grupo de Rodríguez que disfruta como nunca su puntual libertad horaria (se suelen distinguir porque siguen al pie de la letra lo de Bailad, bailad, malditos o, en su defecto, lo de Litros del alcohol corren por mis venas . En fin, que a esas horas probablemente el explorador creía que iba a protagonizar Cazador blanco, corazón negro , pero acabó al grito de ¡Hatari!