Los deportes de verano nunca dejan de sorprendernos. Cada año nace uno nuevo, más extraño cada vez, pero también más atractivo. El de este año se practica en esta especie de tabla-cometa, que, como su propio nombre indica, es una tabla convencional de surf que va colgada de una cometa. Dicen los especialistas, que ya los hay aunque el jueguecito naciera anteayer, que si uno aprovecha bien el viento puede levitar en el aire durante un buen rato, como este chico de la foto. Las mentiras sobre Antonio Banderas El actor español Antonio Banderas ha desvelado una de sus aficiones: coleccionar las mentiras que se escriben sobre su vida para un día incluirlas en un libro. Entre esas mentiras se encuentra una en la que se daba por cierto que había perdido dos dedos de una mano mientras filmaba en México El Zorro , junto con Anthony Hopkins, u otra en la que se aseguraba que había sido detenido en una frontera con un pasaporte falso. «Hay una determinada prensa que insiste en crear un personaje que se llama como yo, que tiene mi cara, no siempre mi cuerpo y que se mueve con independencia de mí. Leo sobre él como si leyera sobre otra persona y la verdad es que me ha empezado a gustar», agregó. Te entiendo muy bien, Antonio. A veces a mí también me pasa algo parecido. Dos multas de tráfico para un ciego Las autoridades de Manizales, en el centro oeste de Colombia, quieren obligar a un ciego de nacimiento a pagar dos multas por sendas infracciones de tráfico, por importe total de 50 euros. Jesús María González, de 44 años, casado y con hijos, vive de la venta de lotería y asegura que no tiene coche y que lo único que sabe conducir es su bastón. El ayuntamiento insiste en que no lo sacará de la lista de morosos mientras no pague las multas y él dice que sólo soltará el dinero si antes le entregan el taxi que supuestamente conducía cuando infringió la ley. Un vibrador indiscreto Lo de los controles exhaustivos de seguridad en los aviones están bien, pero sólo hasta cierto punto. En Florida, una pasajera llamada Renée Koutsouradis ha denunciado a una compañía después de ser sometida a la humillación de tener que mostrar en público su vibrador. Resulta que, cuando el avión en que viajaba estaba listo para despegar, la tripulación detectó movimientos extraños dentro de su maleta. Cuando le fueron a preguntar de qué se trataba, la mujer se mostró visiblemente alterada, como es lógico, por lo que pensaron que podía tratarse de una bomba. Entonces, la obligaron a abrir el equipaje y extraer, ante las risas del personal, lo que resultó ser un juguete sexual. Ahora pide una indemnización de 15.000 euros por daños psicológicos. Claro que si antes sólo lo sabían ella, la tripulación y el pasaje, ahora lo sabe ya todo el mundo.