El «Saltillo», que participa en la Cutty Sark, fue testigo del flechazo entre los reyes de España El conde de Barcelona viajó en el balandro a Grecia para asistir a la boda de su hijo
28 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Pudiera ser que el vigía gritase desde lo alto del palo mayor: «Novia a la vista»; y el príncipe buscase en el horizonte la mujer con la que había de casar. Pero no ocurrió así. Fue más romántico. Corría el verano de 1960. El Saltillo surcaba el Mediterráneo con las velas bien cebadas por el viento. En una ceñida rozó el Agamenón , el yate de la familia real griega, con la princesa Sofía prendida a la barandilla. Quienes asistieron a aquella arriesgada maniobra escribirían con los años que las miradas de don Juan Carlos, abordo del Saltillo , y doña Sofía, en el Agamenón , se pegaron como imanes durante unos treinta segundos. Luego se perdieron. No volverían a reencontrarse hasta años después. Hoy, el Saltillo , en cuya cubierta ahogó su dorada juventud aquel niño rubio, arregladito, peinado con raya a la izquierda y que con los años sería rey de España, está atracado en el puerto coruñés. Es uno de los 68 participantes en la Cutty Sark. Pero no sólo de historia de amor vivió el Saltillo . Aquí hay mucha historia de España. Explica Fernando Cayuela, el actual capitán: «A don Juan le encandilaba navegar en este balandro de dos palos; primero porque era un amante de la vela, y segundo porque se lo había regalado su gran amigo Peru Galíndez, que entonces era presidente de la Cámara de Comercio de Bilbao» (en la actualidad, el velero pertenece al Náutico de Bilbao). Dos de los gestos inmortales del conde de Barcelona sucedieron en este balandro botado en 1934 y donde pasaría sus mejores momentos hasta 1963, año en el que cambió el Saltillo por el Giralda . Con él acudió al encuentro con Franco en el golfo de Vizcaya en 1948 y en él viajó a Grecia a la boda de su hijo. De Estoril viajó a Nueva York, con su vieja pipa, un sombrero blando para guarnecerse del sol y cuaderno de hule negro donde iba anotando los contratiempos de la travesía. Ha hecho protagonistas de sus relatos a casi todos los miembros de las casas reales europeas.