Noche de maniobras por la principal zona de la movida coruñesa, donde cada «garito» parece un clon de la música, la decoración y la gente del anterior
25 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.En los garitos del Orzán se podría jugar a eso de las siete diferencias. Sólo una pega: el cliente nunca ganaría. Imposible hacer distinciones entre un local y otro. Con unas copas de más es fácil pensar que no te moviste de un sitio en toda la noche. Yo sí me muevo. La busco a ella. A esa María que nunca será de Bisbal, a la que le miente al Civera e incluso a la del torero. Imposible olvidarse del objetivo. En cada pub, la misma música me machaca los mismos nombres. Y ella, como la música, también es la misma en cada sitio. La misma que me esquiva en un local, está con unas amigas y no puede dedicarme su tiempo en otro o es que ya se iba o va a venir su novio. Todas van muy monas, bastante arregladitas, todas se mueven en grupo y todas bailan muy bien, o eso parecen creer ellas. Ah, y todas me dicen que no. Eso sí, ligar no ligo, pero estoy aprendiendo una de nombres en una sola noche... Cuando tenga una hija podré elegir entre llamarla Bea, como la rubia del primer sitio, Patricia -que era abogada y bailaba con una amiga- o Alejandra, que no me acuerdo ya donde la conocí. Aunque si esto no mejora, para tener una hija algún día tendré que recurrir a la adopción. Dice mi colega, el único que me aguanta hasta el final, que debe ser que hoy no estoy prosaico. Yo opino que el problema es de números y no de letras. El que dijo que había siete mujeres por cada hombre, o no sabía contar o nunca salió de noche. Habrá que cambiar de escenario. El after de Riazor huele a pólvora mojada. Es el lugar donde disparar el último cartucho, pero, imposible hacer diana con tanto ruido. Resulta inútil una conversación donde «¿qué?» es la única respuesta. La mirada, mi última esperanza. Cuento con la baza de mi altura y unos ojos azules que algún día deberían funcionar. Fallo: a estas horas todos los ojos son pardos y las pocas muchachas a las que logro encajar el iris me devuelven el golpe torciendo la cara. Me declaro vencido por esos que han sabido llevar mejor la noche -también por esos otros que son más guapos y más simpáticos- y que aún tienen arrestos para acuchillar oídos a piropo limpio, en un volumen que ríete tú de Tarzán llamando a Chita. Paso a engrosar las filas de solidarios que sujetan la barra para evitar que se caigan las copas. Y luego, a la cama, con Fátima. Cada uno llama a su almohada como quiere.