El grupo Oasis ofreció ayer en el parque de Castrelos el mejor concierto de su polémica minigira por España Más de 25.000 fans abarrotaron el parque y disfrutaron del pop británico.
24 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.La fauna fan más fanática ya estaba a las 8 de la mañana en el parque de Castrelos para «pillar el mejor sitio y estar lo más cerca posible de Liam», comentaba Ramón, un auténtico hooligan de Oasis que ya el martes se dio el gusto de fotografiarse con el cantante a las puertas del hotel vigués en el que se hospedaron. «Son los mejores, a ver si lo ponéis, que la prensa siempre los critica por su forma de ser y se olvidan de que su música es genial», añadía su compañero de espera. A las 8, pero de la tarde, doce horas después de la llegada de los ansiosos del madrugón, el ambiente ya estaba caliente. Cientos de personas con bolsa de avituallamiento en mano se habían asegurado sitio en las gradas gratuitas por el rudimentario sistema habitual: marcando territorio para las posaderas con hojas de periódico. El primer grupo, los vigueses Starlux, templaron sus guitarras a gusto. Los segundos, Bondage, pasaron con nota el trago de ser los que todo el mundo espera que acaben pronto para que salgan las estrellas a escena. Castrelos rebosaba de gente para entonces. Los conciertos de Oasis son imprevisibles. De casi todos los músicos que en el mundo giran, la audiencia puede esperarse que sigan -más o menos- el guión previamente pactado, que toquen un bis más o menos, que se enrollen con el público más o menos, o que hagan un espectáculo más o menos bueno. Pero con Oasis es complicado porque el carácter de los Gallagher (sobre todo el del arisco Liam), puede estropear la noche con alguno de sus golpes de efecto. Porque si al cantante se le cruza el cable o entra en fase apático-autista, se acabó. Afortunadamente, hubo suerte. Vigo eligió un buen día para acoger al rudo patillas de Manchester. Noel y Liam, con Gem Archer, Andy Bell y Alan White, tocaron los temas nuevos de Heathen Chemistry y repasaron los éxitos que los convirtieron en dioses. Y todos contentos.