La Antártida pierde otro iceberg

Fernanda Tabarés
FERNANDA TABARÉS A CORUÑA

SOCIEDAD

La frecuencia de los desprendimientos y el tamaño de los bloques confirman el deshielo más importante desde la última glaciación Tiene una superficie igual a la cuarta parte de la provincia de Pontevedra y navega a la deriva por el Mar de Ross, al sur de Nueva Zelanda. El último iceberg escupido al océano por la Antártida es diminuto si se compara con el que en marzo se desprendió de la plataforma de Larsen.

14 may 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

La semana pasada, un magnífico iceberg de más de un millar de kilómetros cuadrados se desprendía de la plataforma antártica para navegar a la deriva por los mares del Sur. Fue el segundo en menos de medio mes, ya que diez días antes se había avistado otra mole de tamaño inferior ¿600 kilómetros cuadrados¿ flotando en las frías aguas del Mar de Ross, al sur de Nueva Zelanda. En ambos casos, los científicos eludieron relacionar los desprendimientos con el calentamiento global del planeta, aunque sendas fracturas se suman a una tendencia constante que ha llevado a los investigadores a considerar que el tamaño de los icebergs y la frecuencia con la que se originan nos colocan en el proceso de deshielo más serio desde la última glaciación. Aunque estas ruptura constituyen un proceso natural de renovación, lo cierto es que la actividad en la Antártida es en los últimos tiempos inusitada. E incluye episodios sorprendentes. El más llamativo tenía lugar en marzo cuando, coincidiendo con el final del verano austral, un descomunal iceberg de 500 mil millones de toneladas de peso de la plataforma de Larsen se convertía en una isla de hielo. Siete años antes, en 1995, había acontecido algo similar. Los principales estudiosos de la Antártida, reunidos estos días en la ciudad australiana de Hobart, han tenido en cuenta estos sucesos para concluir que el clima mundial está amenazado y que la función de los océanos se puede ver perturbada. Cinco metros El principal temor es que el deshielo comience a afectar a la superficie helada que se asienta sobre tierra firme, en la zona oeste de la Antártida, un proceso que elevaría cinco metros el nivel de los océanos en el mundo, con el consiguiente cataclismo medioambiental y económico. De momento existe un dato para la alarma: la temperatura media de esta zona del mundo ha subido 2,5 grados en los últimos 50 años, lo mismo que en el Artico y cuatro veces más que la media del resto del mundo.