No, no es un vikingo el que ven en la imagen. Este australiano cachas y peludo es uno de los miles de homosexuales que ayer salieron a las calles de Sidney para vivir el Mardi Gras, una fiesta que celebran desde hace veinticuatro años para reivindicar sus derechos y proclamar su orgullo gay. Eso sí, con buen humor, mucho color y con un espectacular desfile de carrozas. ¿Se imaginan algo parecido en las calles de Santiago, Vigo o A Coruña? O mejor aún, ¿que la marcha esté liderada por el líder del principal partido de la oposición, homosexual declarado, como ha ocurrido en Australia? No sé ustedes, pero yo me apuntaría. Y, lo confieso, me siguen gustando los hombres, aunque últimamente no se me den demasiado bien. APOYO A LA REINA. A quien parecen irle mejor las cosas es a la reina Isabel de Inglaterra, después de la reciente muerte de su hermana y las meteduras de pata de su marido. Pues bien, tras todos estos sobresaltos, su hijo menor, el príncipe Eduardo, y su mujer, Sofía de Wessex, han decidido darle una alegría. Han renunciado a sus carreras profesionales para «apoyar a la reina» con ocasión de las celebraciones por sus cincuenta años de reinado. La cosa tiene enjundia, porque la empresa de producción audiovisual que dirige Eduardo se dedicaba, entre otros menesteres, a filmar ocultamente al hijo menor del príncipe Guillermo y de Diana de Gales. Tanto Eduardo como Sofía se quedan ahora en paro. Pero imagino que poco les debe preocupar, porque mamá Isabel posee una de las mayores fortunas del mundo. Ya ven, a mí también me gustaría apoyar a mi pobre mamá, desesperada porque no encuentro novio, pero aquí me tienen, dándole a la tecla sábados, domingos y fiestas de guardar. LOS VÍDEOS DE METTE MARIT. El que tampoco parece sobrado de fondos es un ex-novio de la princesa noruega Mette Marit. El pájaro en cuestión, de 42 años y que, por encima, ha preferido mantenerse en el anonimato, está dispuesto a vender vídeos y fotos privadas de la actual princesa en una actitud digamos que, cuando menos, comprometida. Pongan ustedes los calificativos. El ex, al parecer, vivió dos años con Mette-Marit en la década de los noventa, cuando la díscola joven trabajaba en un café de Oslo y mostraba cierta querencia por los clubes nocturnos de la capital noruega. Pero no se lo pierdan, que no acaba aquí la cosa. Resulta que el anónimo amante no quiere vender su mercancía para que todos los nórdicos descubran la intimidad de la princesa, sino para que el material sea destruido. «Estoy dispuesto a venderlo todo para que sea destruido». El buen samaritano incluso se atreve a darle un consejo al bueno del futuro rey Haakon: «Cuida de Mette-Marit, es una chica maravillosa». No, si ya me lo decía mi madre, hay mucho jeta suelto.