La renuncia de Eduardo VIII al trono por el amor de una mujer divorciada, Wallis Simpson, hizo que Isabel II pudiera convertirse en reina
05 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Una historia de amor y una muerte prematura colocaron a una jovencísima Isabel II en el trono más codiciado del planeta en 1953. La abdicación de su tío, Eduardo VIII, para casarse con una mujer divorciada, Wallis Simpson, convirtió a Jorge VI en rey por sorpresa, y a su hija Isabel, en heredera. Lilibet, como quería que le llamasen de pequeña, era una niña repipi, metódica, ordenada y caprichosa. Cuando fue adolescente siempre comenzaba sus frases diciendo: «Cuando yo sea reina de Inglaterra...». Con este carácter, pronto marcó distancias con sus compañeras de juego y con el personal a su servicio. Fue poco al colegio y no sabía nada de cocina ni el valor del dinero. Tenía cuanto quería, incluso cuando el resto de Inglaterra sufría las miserias de la posguerra. El colmo de sus caprichos fue enamorarse de un rubio y apuesto teniente de la Armada, Felipe de Grecia y Battenberg, príncipe arruinado y que hacía gala de una merecida fama de mujeriego. Aunque los padres de Isabel se opusieron al matrimonio, Lilibet dio su ultimátum: «O me caso con Felipe o no me caso». Y, por el bien de la Corona, hubo que aceptar. Así, la boda se celebró el 20 de noviembre de 1947 ante 2.500 invitados. Entre las promesas que Felipe hizo a su esposa, figuraba el dejar de fumar, pues a Isabel se le irritaban los ojos. A cambio, el consorte enseñó a su esposa historia, literatura y geografía. En junio de 1948 se hizo público que la reina estaba embarazada y con el nacimiento de Carlos Felipe Arturo, el primogénito, quedó garantizado el futuro de la realeza. Le seguirían tres hermanos. La muerte del rey Jorge VI, el 6 de febrero de 1952, llevó a Isabel al trono más codiciado del mundo. La noticia les sorprendió en un viaje oficial en Kenia, pero se convirtió en Isabel II después de casi un año y medio de luto. Como todos los matrimonios, el de Isabel II y el príncipe de Edimburgo tuvo sus problemas, incluso con serios rumores de separación. Pero los verdaderos quebraderos de cabeza llegarían con los matrimonios de sus hijos. La reina cumple sus bodas de oro en medio de una calma algo tensa. Sus aficiones siguen siendo la fotografía, los bombones de chocolate y el vestir con colores llamativos.