Víctimas de la superstición

La Voz

SOCIEDAD

Costumbres ancestrales y la superstición que se apodera de quienes viven con la muerte pisándoles los talones son dos trampas que están ayudando al sida en su rápido extermineo de la población de los países más pobres. Sólo la cultura podría acabar con prácticas aberrantes. Matrimonios con las viudas. Una vez que una mujer entra a formar parte de una familia por matrimonio permanecerá en ella de por vida. Esta costumbre de muchas étnias africanas obliga a las viudas a casarse con uno de los hermanos de su marido difunto, aunque haya muerto de sida. Con ello, además de conseguir la familia siga teniendo hijos se garantiza que el virus VIH seguirá circulando. Vudú y violaciones. Magia negra y vudú se están ligando a las alternativas a la condena a morir de sida. En países caribeños como Haití los enfermos en fase más aguda, en lugar de recibir ningún tipo de tratamiento son sometidos a escalofriantes sesiones de vudú que les condenan igualmente a la muerte. En África septentrional existe la creencia de que el sida tiene cura con algo tan simple como tener un coito con una mujer virgen. Esta escabrosa solución ha dessencadenado en algunas zonas rural, en las que el acceso a la cultura es muy deficiente, numerosas violaciones de niñas de muy corta edad, e incluso recién nacidas. Derechos sexuales. Algo similar al derecho de pernada persiste en algunas de las zonas menos desarrolladas de África. Los jefes, profesores y personas que ostentan un rango de importancia en un grupo imponen esta presión jerárquica para poder mantener relaciones con sus supeditados, algo que multiplica los riesgos de transmisión de enfermedades como el sida o la hepatitis.