TESTIGO DIRECTO
28 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.En la Costa da Morte también habría material de estudio. Hace más de un año que se murió una anciana con 108 en Muxía, dejando a tres hermanas casi centenarias. Esta semana se enterró en Camariñas una con 106; hace poco, otra de 107. En Vimianzo rebosa una señora de 106, igual que otras dos de Zas. Una de ellas es María Maroñas Mira, la más anciana de la Costa da Morte. El tiempo pasa despacio con María, testigo de tres siglos. Dentro de tres meses cumplirá 107, y entonces habrá que preguntarle dónde tiene el cromosoma número 4. No lo oirá, pero quizás cante algo o sonría agradecida por la visita, como ahora. Ahora no nos ve: «Hai sete anos, cando naceu a miña tataraneta Patricia, quedei cega. Foi de cataratas». No. No sabe dónde tiene el cromosoma, a ver si va a ser la cartilla del médico, pero sí dónde está la pastilla para el corazón, «que tomo tódolos días, sen auga, menos os sábados e os domingos». María sabe lo dura dura que era la vida. Trabajó en las las minas de wolframio de Barilongo: «Ía cunha veciña, erguíamonos coa primeira cantada do galo para ser das primeiras. Cos cartos comprei un porco, unha vaca e cousas da casa». Sabe dónde está su nieta María, la que su sola presencia basta para sanarla, o el cura de San Cremenzo de Pazos, que le da la comunión. Hasta una vez la vio el arzobispo Rouco, y Fraga la felicita todos los años.