El ayuno mina el tesón de la esposa de Milingo

RAÚL ROMAR CRÓNICA Interrumpió su huelga de hambre para ser atendida


yuno, amor y lágrimas. María Sung, una acupuntora surcoreana de 43 años, se ha convertido en la madonna del llanto, en la imagen desgarrada del despecho, después de que su esposo, el arzobispo Milingo, con quien se casó por el rito de la secta Moon, decidiera volver al redil de la iglesia. «En nombre de Jesucristo, regresa a la Iglesia Católica», le instó el Papa al polémico prelado de Zambia. Y Milingo cambió de nuevo el amor terrenal por el celestial. Pero María, postrada y despechada, no se rindió.«Lo tienen secuestrado», clamó en un primer momento contra el poder del Vaticano, que, tras haber lidiado con el caso Milingo, se enfrenta ahora con el expediente María Sung. Monseñor Emmanuel, mientras tanto, seguía en silencio mientras su esposa iniciaba una huelga de hambre para recuperarlo en el más sublime gesto de amor terrenal. María rezaba y lloraba e incluso amenazó con un amago de embarazo. Hasta que Milingo salió a escena. «María, te amo como a una hermana, pero me equivoqué al casarme contigo. No lo volvería a hacer». Una herida más en el ya débil corazón de la ingenua acupuntora. Pero María no se resignó. Vestida de amarillo y acompañada por varios miembros de la secta Moon, acudió al día siguiente a la plaza de San Pedro para cumplir con su ritual diario de ayuno y oración, como si nada hubiera pasado. «Si no me quiere, que me lo diga a la cara. Necesito verlo a solas», dijo. Y empezó una nueva lucha, el combate por el reencuentro personal con su marido. Mientras, el Vaticano y la secta Moon iniciaban su guerra particular para establecer las condiciones de la entrevista. Más espera para una mujer que mudó su amplia y rechoncha sonrisa del día de la boda por el rostro demacrado de un cuadro de El Greco. Ocho kilos de menos después, las dos partes llegaron a un acuerdo: habrá cita, pero será un breve encuentro y con un testigo del Vaticano. Demasiado poco para María, que se resiste a un momento fugaz cuando el 27 de mayo se ofreció a Milingo para toda la eternidad. La reunión estaba prevista para el pasado lunes, pero María volvió ese día a rezar y a pasar hambre en la plaza de San Pedro. Ayer ya no lo hizo. En su lugar, una silla vacía apuntando a la cúpula de la catedral y, alrededor, varios miembros de la secta que se han sumado a la causa de su compañera. Un ayuno de catorce días le quebró las fuerzas.«María quiere descansar, se encontraba mal», dijo la intérprete de la acupuntura, quien avanzó que ésta «espera una señal que le diga cuándo se producirá el encuentro».Pero un momento de flaqueza no significa sucumbir al desaliento. «Ayunaré hasta la muerte si es preciso», clamó antes de caer por el debilitamiento. Cuando se recupere volverá. «Dios no quiera que mi vida acabe en drama, aunque estoy dispuesta a morir y a sacrificarme para defender la dignidad de un matrimonio celebrado libremente», reiteró. La Iglesia no necesita más mártires, pero la secta Moon todavía no tiene ninguno. Y María es su víctima.

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