XURXO FERNÁNDEZ LA VUELTA A GALICIA CON UN BILLETE VERDE
11 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Viva el momento, láncese a la aventura. Realmente, ¿qué se lo impide? Espero que no sea el dinero. Cuando su viaje haya merecido la pena, y si se siente con fuerzas, escriba un libro. Aunque nunca lo publique, será su libro y podrá dormir con él bajo la almohada. Galicia, al menos, está al alcance de cualquier bolsillo. Para pasar la noche tiene a su disposición el parque de Castrelos, en Vigo. Sobre el césped le haré un hueco si nos encontramos. Eso sí, traiga protector contra mosquitos y, por favor, compártalo. Nadie le molestará. En la noche que va del martes 10 de julio al miércoles 11, no habrá ojos inquisidores en la zona. No se duche. Por un día que no lo haga no pasará nada. Tras lavarse en la fuente, inicie el viaje. Por ejemplo, hacia Ourense. Hasta allí lo llevará alguien, tarde o temprano. Es posible que tengan que pasar tres cuartos de hora con el dedo en alto, en la avenida de Madrid. Pero, el día tiene muchos cuartos de hora como para preocuparse por tres. Quizá le recoja una joven pareja que va hacia Sanabria. Puede, incluso, que equivoquen el desvío en la autovía y tengan que dar la vuelta, a falta de cinco kilómetros para llegar a Portugal. Por el camino, conductor y acompañante dejarán de hacerse carantoñas para que ella le explique que aquello que se ve allí arriba es la piedra del pianista. A mitad de trayecto -es una suposición- él decidirá que es momento de presentaciones y dirá que se llama Juan y la chica Dévora -se olvidará usted de preguntar si se escribe con b o v-. No dude de que le ofrecerán el porro que liaron ante sus narices y tendrá que rechazarlo -puede que su madre lea el libro que usted esconde bajo la almohada-. Pararán en Ourense y le invitarán a tomar algo en una terraza. Entonces, podrá caer en la cuenta de que Juan y Débora -escríbalo ahora con b por si antes se equivocó, y si no le convence, llámela Ana- son la pareja perfecta. Quizá ellos sólo se conozcan desde hace un par de días, pero a usted le dará lo mismo y, no lo olvide, el libro es suyo. Cuando se despidan, necesitará un sitio para comer. Tendrá que ser barato, o mejor gratis. Si encuentra una tapería que se llame Rúa Vella, es fácil que consiga masticar a cambio de apilar botellas, recoger unas mesas y servir un par de cañas. Nada que un alma aventurera no pueda hacer. No ha gastado nada. Podrá darse el capricho de unos calamares y una cerveza en una terracita. Para dormir, por variar, le vendrá bien pasar la noche en un cajero. Pero eso, elíjalo usted. No soy yo el que escribe su historia.