Federico Mayor Zaragoza, presidente de la Fundación para una Cultura de Paz Federico Mayor Zaragoza cree en una revolución que cambiará el mundo y eliminará las desigualdades. «La docilidad -asegura- es un gravísimo error». Pero la revolución no ha de producirse a través de las armas, sino de la palabra. Ante el creciente abismo que se abre entre países ricos y pobres, «el silencio -denuncia- es un auténtico delito». Mayor Zaragoza, que ofreció una conferencia en la Fundación Barrié, en A Coruña, alzó su voz en nombre de una solidaridad intelectual y moral.
21 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.El ex-presidente de la Unesco y actual responsable de la Fundación para una Cultura de Paz, Federico Mayor Zaragoza, acusa a la insolidaridad de ser la gran responsable de la actual situación de desigualdad mundial, algo que califica como de «extremadamente preocupante». -¿Cree que la palabra es suficiente frente al poder económico o militar? -La palabra puede revolucionar el mundo. Si hacemos un repaso a la historia nos daremos cuenta de que la violencia sólo ha servido para sembrar la destrucción. -¿Quién debe hablar? -Son los intelectuales los que tienen la responsabilidad de no callarse. Son como los grumetes de un barco. Van subidos al palo mayor y deben anticiparse a lo que está delante de la nave. -¿Y quiénes van en ella? -Todos. La situación actual mundial es intolerable e insostenible. Si este barco se hunde, nos hundimos todos. -Algo que debería recordar George Bush. -La sumisión de Europa frente al incumplimiento americano de los acuerdos de Kioto es inadmisible. Las relaciones con Estados Unidos deben ser de amistad, pero no de sometimiento. -¿Qué opinión le merecen los activistas que luchan contra la globalización? -Estos movimientos irán a más, porque ha habido un decaimiento ideológico generalizado. Sindicatos y asociaciones pierden fuerza. Está desapareciendo el sentimiento que Charles Delors llamó pertenencia. Denuncian la tiranía de los países ricos sobre los pobres. Sin embargo, han tomado el camino de la violencia, la vía equivocada. -¿Es compatible el nacionalismo con el futuro de la Unión Europea? -Los movimientos que defienden una cultura y una lengua son enriquecedores. El obstáculo para la unión de Europa no son las culturas y las lenguas, sino la primacía que se le concede a los intereses económicos. La unidad jamás se conseguirá atendiendo a vínculos mercantiles, sino a los valores universales basados en la solidaridad.