Oiarzabal y Vallejo alcanzaron sin oxígeno la cima del mundo el mismo día en que la coronaron otros cuatro españoles y cinco americanos Las cosas han cambiado mucho en el Tibet desde que Edmund Hillary y el sherpa Terzing alcanzaron la cima del Everest en 1953. Los tibetanos están tan acostumbrado a ver alpinistas, como los habitantes da Costa da Morte a los turistas que buscan su plato de marisco. En los últimos 50 años, más de mil expediciones han subido al Everest. Sólo ayer nueve personas, cuatro españolas y dos venezolanas y tres chilenas, coronaron la cima. Y cada uno lo celebró a su modo. Los españoles Juan Vallejo y Juan Oiarzabal que lo hicieron sin oxígeno brindaron con cava; Sergi Mingote, puso una bandera de UGT y Edurne Pasabán llamó a su madre.
23 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Aunque sea contradecir al título del programa de televisión, parece que subir al Everest no resulta casi imposible. Más bien una excursión de paso del ecuador. Cinco expediciones diferentes llegaron ayer a los 8.848 metros y todos se cruzaron con otras al subir o al bajar. Juan Oiarzabal y Juan Vallejo, del equipo del programa de televisión Al filo de lo imposible fueron los más madrugadores. Llegaron a los 8.848 entre las cinco y las seis de la mañana. Consiguieron subir por la cara norte de la montaña y sin la ayuda de bombonas de oxígeno. Tres de sus compañeros tuvieron que abandonar el lunes el ascenso por problemas en la vista. Juan Oiarzabal también sufrió una ceguera al comenzar el descenso, pero pudo recuperarse, precisamente gracias a la afluencia de visitantes en el pico. Un grupo de españoles de la Universidad Politécnica de Valencia que acometían el ascenso le asistieron y pudo seguir el camino. Logros Todos los alpinistas tienen el currículum un poco más complejo. Juan Oiarzabal se ha convertido en el primer español en hacer catorce ochomiles. Edurne Pasabán, que también llegó al pico peron por la cara sur se ha convertido en la primera mujer del País Vasco en llegar a los 8.848 metros. Aunque los yaks se hayan acostumbrado a ver el trajín de vehículos, mochilas y alpinistas, tanta afición a las alturas está dañando la reserva natural del Everest. Las autoridades tibetanas aseguran que se está empezando a producir deforestación a causa del tránsito y que el agua ya no se puede consumir sin filtrar. La causa es que por las laderas se reparten restos de campamentos, bombonas de oxígeno y útiles que nadie vuelve a limpiar tras el ascenso. Esta basura alcanza las quinientas toneladas y se concentran principalmente en las zonas donde acampan los expedicionarios. El Gobierno de la región ha preparado proyectos para que los propios alpinistas se comprometan a bajar parte de la basura acumulada durante medio siglo.