Rusia conmemora el cuarenta aniversario de la puesta en órbita de Yuri Gagarín, el primer hombre en cruzar el umbral del cosmos El 12 de abril de 1961 Yuri Gagarín se había levantado a primera hora, hizo su habitual sesión de gimnasia y repasó el plan. En la estación de Baikonur, el termómetro marcaba cuarenta grados bajo cero y el día era casi tan gélido como la guerra fría que mantenían la URSS y EE UU. Los rusos necesitaban un héroe y Gagarín era el elegido. Yuri estaba tranquilo y, minutos después, se subió a la cápsula «Vostok-1». El resto es historia: el ser humano había cruzado por primera vez el umbral del cosmos y los soviéticos habían ganado la batalla espacial.
11 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Yuri Gagarín, a sus 27 años, se había convertido en el primer hombre que cubrió una órbita alrededor de la Tierra. Y lo hizo en 108 minutos. Hace cuarenta años, la misión de la Vostok-1 suponía la hora del triunfo más esperado por la URSS, muy superior incluso a la del lanzamiento del Sputnik. Por fin, el Gobierno soviético tenía a su disposición lo que quería, un líder carismático que pasease la antorcha del comunismo alrededor del mundo. Tanto fue así, que después se prohibió a Gagarín volver a volar ante el temor de que un accidente le privara de su héroe. Pero, paradojas del destino, Gagarín, murió siete años después al siniestrarse su avión en un vuelo de entrenamiento. Pero la misión del Vostok-1 no fue, en absoluto, un camino de rosas al espacio, tal y como había vendido la URSS. La nave estuvo diez minutos fuera de control y se temía lo peor. «La aceleración era insoportable», confesó Gagarín tiempo después. «Estaba esperando el momento de la separación de la cápsula de la nave, pero éste no llegaba nunca». Fueron diez terribles minutos. Subsanado el problema, Yuri se dijo a sí mismo: «Ya está, voy a aterrizar sobre suelo soviético». Y así lo hizo, pero aún le aguardaba una desagradable sorpresa. Una vez en tierra, la válvula de su escafandra se le atoró y casi se asfixia. Pánico Pero Gagarín no estaba sólo. Una campesina que observaba la escena estaba a punto de huir de pánico cuando el cosmonauta le gritó: «No tengáis miedo, soy de los vuestros, soy un soviético que ha descendido del espacio y tengo que encontrar un teléfono con el que llamar a Moscú». Y Moscú lo convirtió en mito. Hoy, cuarenta años después, conmemora por todo lo alto a su héroe.