El progreso altera el orden natural

REDACCIÓN A CORUÑA

SOCIEDAD

La mayor demanda de recursos en el planeta lleva a que se creen productos cuyos efectos se desconocen Hace año año y medio, el líder francés contra la globalización José Bové y un grupo de sindicalistas asaltaban un establecimiento de comida basura y poco después destrozaban un campo de arroz transgénico. ¿Por qué este empeño en arremeter contra dos productos que ejemplarizan el progreso y que han recibido la bendición de la ciencia? Bové y su lucha simbolizan la contradicción del llamado progreso humano, en el que los avances se consiguen a base de alterar la ley natural y el equilibrio biológico.

09 feb 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Recursos limitados de la naturaleza y voracidad inagotable del hombre. La especie humana trata de resolver esta contradicción alterando el orden natural que ella misma ha roto en un intento de crear nuevos productos aún no suficientemente probados, pero que la voracidad de la población mundial se apresta a devorar. Este proceso ha alcanzado su culminación en uno de los mayores escándalos alimentarios de la historia: la enfermedad de las vacas locas. ¿Por qué se ha forzado la ley natural para convertir en carnívoros a herbívoros? El resultado de tamaña incongruencia ha sido la encefalopatía espongiforme bovina. Pollos Las vacas no son carnívoras y a los pollos belgas, que protagonizaron otro sonoro escándalo alimentario hace un año, tampoco les gustaba comer piensos elaborados con grasas a partir de aceites reciclados de motores de coches. El resultado: intoxicaciones masivas. La relación de contradicciones no se acaba aquí. ¿Pero cómo se le puede dar de comer a los peces -de piscifactoría- piensos cárnicos? se preguntaba no hace mucho un científico. Todavía no se ha demostrado ninguna contraindicación de tan particular menú, pero no faltan los especialistas que apuntan que el peligro puede tardar años en desarrollarse. El mismo temor ha expresado un sector de la comunidad científica internacional y gran número de consumidores hacia los alimentos transgénicos. Aquí, el orden natural, el rasgo específico de cada especie, puede mutarse introduciendo genes de otras para conseguir los fines propuestos por el hombre: genes que resisten a plagas, que producen frutas de un tamaño mucho mayor de lo natural o que tienen un crecimiento mucho más rápido. ¿Estamos, quizás, en la antesala de consumir un producto con propiedades de una sardina, de un cerdo y de un vegetal? La pregunta, planteada por los ecologistas, lleva al extremo el resultado de la investigación biotecnología, pero lo cierto es que, al menos en Europa, todavía no se ha demostrado la inocuidad de ciertas variedades de estos productos que las compañías venden como la panacea para acabar con el hambre en el mundo. Control multinacional El riesgo transgénico aún va más. Las multinacionales que controlan el sector han patentado las semillas, que no sólo venden a los agricultores, sino que éstos están obligados a pagar un porcentaje en función de la productividad de los cultivos. José Bové, el líder francés contra la globalización, ha planteado de nuevo las grandes preguntas: «¿Acaso las semillas no son patrimonio de la humanidad, acaso el progreso no había traído consigo el fin de los arrendamientos? El progreso también es contradictorio con las especies que conviven con el hombre. Esta semana, un grupo de científicos obtuvo por primera vez el genoma de un animal extinguido: el moa. ¿Por qué se intenta ahora recuperar una especie que hasta la intensiva depredación del hombre había sobrevivido a los dinosaurios?