El colectivo para la defensa natural de Galicia celebra su 25 aniversario manteniendo sus reivindicaciones Hace un cuarto de siglo no existía ni Ministerio de Medio Ambiente ni, mucho menos, una consellería que velara por el entorno. Pero ya había quien defendía unas ideas que en los setenta sonaban más a resquicio «hippie» que a reivindicación. En ese contexto nació la Asociación para a Defensa da Ecoloxía de Galicia, Adega, que, 25 años después, es la decana de la protección ambiental. Un cumpleaños con advertencia: si en una década no se restaura el equilibrio ecológico de Galicia, ya perdido, no se podrá recuperar.
23 sep 2000 . Actualizado a las 07:00 h.En Galicia, donde el asociacionismo es un arte y la naturaleza una joya patrimonial, nacía Adega, extraoficialmente, en 1974, en plena decaída del régimen franquista. Surgía en la clandestinidad y no sería hasta un 15 de mayo de 1976 cuando este grupo ecologista lograba su reconocimiento oficial, su legalización. Domingo Quiroga, su fundador, sería su primer presidente. Ante la indecisión para elegir uno de los dos años, los dirigentes de la asociación optaron por el 2000 para conmemorar los veinticinco años de su nacimiento, «a cabalo entre a fin de século e o comezo do seguinte», como explicaba Manuel Soto, actual presidente de los verdes gallegos. A partir de esos años, con el inicio de la democracia, la asociación comenzó a dar sus primeros pasos. A partir de ahí «queda unha herdanza que arrastramos ata hoxe», explica Soto. De no haberse tomado medidas contra determinados déficits ecológicos, el patrimonio natural gallego estaría más resentido hoy día. Las guerrillas de Adega comenzaron su tarea contra la futura instalación de una central nuclear en Xove, siguieron con la celulosa de Pontevedra, los petroleros de A Coruña, la alúmina de San Ciprián, las fosas atlánticas, As Pontes y Meirama. Hasta llegar a los incendios forestales y las minicentrales eléctricas. «O balance _continúa Soto_ é positivo, pero aínda quedan moitas cousas por facer». Con cuarto de siglo a sus espaldas, Adega ha roto el tópico contra el asociacionismo en Galicia para preservar la riqueza verde.