Lidia Falcón, militante feminista y escritora Lidia Falcón es una mujer que no deja títere con cabeza. Sólo justifica y defiende a los colectivos feministas, en una de cuyas formaciones milita. Enfrente están todos los demás, desde el papel de las instituciones a la propia sociedad, pasando por las formaciones políticas o los sindicatos. Ella siempre los mira con ojos críticos. «Mi vida es la disidencia, siempre ha sido así», reconoce. Su inconformismo y el espíritu revolucionario lo ha practicado como militante del Partido Comunista, o en su tarea intelectual. Lidia es autora de 30 libros, de ellos 13 obras de teatro, de las que nada menos que seis fueron representadas.
03 jun 2000 . Actualizado a las 07:00 h.«Nací en vísperas de la guerra civil, el 13 de diciembre de 1935, pero no fui inscrita en el Registro hasta que tuve 14 años», señala Lidia Falcón. ¿Las causas?. «Es una historia complicada. Mi padre era César Falcón, escritor, dirigente comunista y director de Mundo Obrero y, claro, estaba muy dedicado a la revolución y no a pequeños detalles administrativos como ese», dice burlona. _¿Y después? _La terrible situación de mi madre, con su hermana en prisión, mi cuñado fusilado en Melilla y mi padre en el exilio. Así pasan 14 años sin que sepan que hacer conmigo, porque según las nuevas leyes franquistas el segundo matrimonio no era válido. Entonces, mi madre, hizo un expediente de inscripción y les convenció de que mi padre era otra persona, que había muerto en la zona republicana por su afección al régimen nacional. Una novela. _Su ingreso en el partido comunista es casi preceptivo. _Ingresé con 24 años. Mi familia era comunista y mi abuela, Regina del Amo, era anarquista. Mi madre y mi tía llevaron adelante el proyecto de Teatro Proletario que tuvo tanta o más importancia que la Barraca de García Lorca, pero que se ha ocultado en favor del de Lorca, que era un teatro amable y pequeño burgués. _¿Por qué se desencanta? _Tenía una idea romántica del partido y me encontré con el proyecto que Carrillo estaba llevando adelante: pactismo total y abandono de la idea revolucionaria. También eran machistas a morir. Habían perdido los ideales de igualdad entre hombres y mujeres que caracterizaron al comunismo. Sólo quedaba una disciplina férrea. De todos modos, mi vida ha sido la disidencia. _Operar desde la clandestinidad era muy difícil _Era, evidentemente, muy difícil operar sin una disciplina férrea. Ahora veo mejor los problemas, pero creo que había otras vías. La clandestinidad sirve también de excusa para el nepotismo en el partido. _El PCE fue un bastión en la oposición y ahora, en la democracia, le faltan apoyos. _Carrillo destrozó el partido. El proyecto era copiar el modelo italiano, el PCI. Pensaba que se podía gobernar con la democracia cristiana. Luego, con el apoyo sindical exigiría ser ministro, que era su ambición. Su partido era duro y obediente y resistía la presión de la dictadura, pero no era nada creativo: sólo un muro que soportaba torturas, cárceles, despidos y hasta la muerte. _¿Y el futuro del PCE? _No sé si tiene futuro, ni siquiera si cuenta con presente.