Series, de «Magnum» a «The Wire»: cualquier tiempo pasado...

Javier Armesto Andrés
Javier Armesto CRÓNICAS DEL GRAFENO

PLATA O PLOMO

16 oct 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Tras mi breve paso por las islas Sandwich y como soy de la generación X, decidí revisitar la serie de televisión Magnum P. I. Un boomer habría elegido la Hawái Cinco-0 original (1968-1980), un millenial su remake del 2010, un Z Lilo y Stitch (2003) y un alfa ninguna, porque estaría mirando el móvil.

Magnum tiene además el atractivo añadido, para los que nos gusta el mundo del motor, de recordar los coches propiedad de Robin Masters, el dueño de la mansión en la que vivían (más bien peleaban) el detective protagonizado por Tom Selleck, que se movía en un Ferrari 308 GTS, y el mayordomo Higgins, que prefería un lujoso Audi 100. Así que me dispuse a ver el episodio piloto y al principio todo encajaba: la pegadiza sintonía original, las camisas floreadas, las playas paradisíacas, el paisaje volcánico... Pero tras ese déjà vu inicial se impuso la realidad. Las tramas infantiles, el guion descerebrado, las interpretaciones teatrales y afectadas. Al menos, la serie no se toma demasiado en serio a sí misma y esto es lo mejor que se puede decir de ella, que a veces te ríes.

Mucho peor fue lo que me sucedió hace unos meses con Corrupción en Miami. Del centenar largo de capítulos, se cuentan con los dedos de una mano los que podría salvar; hoy la producción no pasaría de la primera temporada (tuvo cinco). Aquí lo más reseñable es la estética: la arquitectura art decó, los tonos pastel, la música pop, las blazers de Sonny Crockett y las chaquetas cruzadas de Ricardo Tubbs, y, por supuesto, el Ferrari Testarossa blanco (y antes el falso Daytona negro). Pero los hilos argumentales son plastilina y hay secundarios bochornosos.

¿Cuándo empezaron las series de calidad? Probablemente fue con Canción triste de Hill Street, que introdujo unas tramas y personajes más pegados a la realidad. A su lado, Starsky y Hutch y Los Ángeles de Charlie eran pirotecnia y jarabe de glucosa. Luego, ya con el cambio de milenio, llegarían Los Soprano, Hermanos de sangre, The Wire (para mí, indiscutiblemente la mejor de la historia), y las plataformas de streaming harían saltar la banca en cuanto a medios económicos y opciones de visionado. Ahora te puedes encontrar de todo, hasta reposiciones de hace casi medio siglo, así que recuerden: «Tengan cuidado ahí fuera».