Mucha suerte, chicos. Estáis en una edad donde todavía podéis creer que un examen decide la vida entera
28 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.La próxima semana algunos de nuestros jóvenes se enfrentarán a la selectividad, la puerta —o guillotina— de entrada a la universidad. Si puedo darles un consejo sería que no lo dejen todo para la noche antes, que es lo que hice yo. Haga o no calor, llevad sudadera; aunque uno piense que no, el ciclo de Krebs cabe perfectamente en la muñeca.
Dentro de unos días estarán buscándose en listas, buscando piso, buscando apuntes y buscándose entre ellos en la eterna noche compostelana. La hermosa vida del tupperware. Después algunos no vuelven. O vuelven extraños en verano, como turistas de sus propias vidas. Llegan en agosto, con tenis muy blancos y la sudadera que antes se usaba para copiar va al cuello. Lo he visto. Hay para quien Ribeira ya no es un pueblo, sino una postal. Lo entiendo, hay ciudades que te prometen una versión mejor de ti. Más modernas, más interesantes, menos pueblo. Pero llega un momento en el que uno comienza a echar de menos cosas ridículas como una tapa, un portal o un parque. Si te vas lejos y sigues escuchando las olas de O Vilar tu sitio es este.
Mucha suerte, chicos. Estáis en una edad donde todavía podéis creer que un examen decide la vida entera. Luego descubriréis que se decide en márgenes más diminutos y absurdos. En quien te espera, en quien se alegra de volverte a ver. Ojalá encontréis la manera de volver. Sin nostalgia, sin fracaso. Volver y ejercer aquí vuestro oficio. Médicos, filólogos… Un pueblo es la gente que regresa. Una carrera es recoger la parte de vosotros que dejasteis aquí esperando. Sois más que un examen.