El que esté atento en clase y trabaje no tendrá problema
SELECTIVIDAD
La decisión de cambiarse de un centro a otro debe estar muy bien argumentada y nunca centrarla en obtener la mejor nota en la selectividad. Cualquier instituto cuenta con profesionales cualificados que acompañan y guían al alumnado para que obtenga los mejores resultados.
Partiendo de la premisa de que no existen centros educativos a medida y sabiendo que cada uno tiene un perfil determinado, hay muchos elementos que es preciso tener en cuenta a la hora de decidir el cambio. Uno de ellos es que se busque una oferta educativa diferente o más amplia, lo más ajustada a su futuro profesional, de la que ofrece el instituto del que se quiere cambiar. Otra cuestión valorable es el volumen de alumnado tanto del centro como por aula: para algunos es magnífico diluirse o encontrar su hueco entre la más variada muestra de la sociedad, mientras que para otros lo importante es una atención personalizada por parte del profesorado o relacionarse con un reducido grupo de referencia. En ocasiones existe algún problema de integración que puede repercutir en su rendimiento académico: sentirse marginado, no encajar en ningún grupo... A veces simplemente necesitan un «cambio de aires» en un momento en el que la adolescencia les muestra el mundo desde una óptica diferente.
Por otra parte, cada instituto tiene autonomía para ofrecer programas específicos (STEMbach, plurilingüismo), actividades complementarias y extraescolares (intercambios, actividades, viajes culturales), que marcan su personalidad y que pueden resultar atractivos para conseguir la formación que buscan.
Por lo demás, el alumnado que está atento en clase y trabaja no va a tener ningún problema para alcanzar buenas notas y, por consiguiente, tener un resultado parejo en selectividad, independientemente del centro al que acuda.
Desgraciadamente, la necesidad de obtener una media determinada para cursar la carrera deseada preocupa de tal forma al alumnado y a sus familias que les lleva a consultar estadísticas, ránkings, sin tener en cuenta que, aunque el centro sea el mismo, las circunstancias o las promociones no lo son, que los nervios juegan malas pasadas, que hay algunos que por diferentes motivos cursan segundo de bachillerato en un par de años (adultos)... En definitiva, una casuística tan amplia como personas se presentan a la tan temida prueba.
La enorme repercusión mediática de este tema lleva a suscitar debates como el que nos ocupa, pero desde aquí rompo una lanza por la profesionalidad del profesorado que lucha día a día por sacar adelante a sus chicos y chicas viviendo junto a ellos un curso tan complicado, mostrándoles continuamente su apoyo e incluso, en ocasiones, haciendo de psicólogo, amigo, ayudándoles cuando los ánimos están bajos o reforzándoles en momentos de baja autoestima. Todos ellos alentados por unos equipos directivos que solo piensan en que su alumnado pueda hacer realidad sus sueños, sin pensar en porcentajes ni en ocupar un puesto u otro, sino en conseguir la formación integral de los hombres y mujeres que son nuestro futuro.
Un curso difícil, un año duro, pero con trabajo y esfuerzo siempre se logra superar.