Consejos para no perder los papeles

Es importante llevar agua, varios bolígrafos y un reloj... que no sea inteligente

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redacción / la voz

Es como la selectividad. O el examen de conducir. Las oposiciones son importantes pero estar nervioso no beneficia a nadie. Los preparadores lo explican así: «No es cuestión de suerte, llevan meses preparándose». Pero los aspirantes a funcionario suelen hacer oídos sordos a sus recomendaciones. Por si acaso, aquí van las de última hora.

Barrita de cereales o de chocolate si uno no ha podido desayunar

El examen comienza a las once, pero desde las nueve el opositor ya tiene que estar en el lugar. Por supuesto, suele llegar antes, y muy pocas veces ha desayunado. En ese caso, una solución muy habitual es llevarse una barrita energética, de cereales o chocolate, para matar la ansiedad que una vez pasadas las primeras horas puede aparecer en el estómago.

El agua no debe faltar en las pruebas largas

Es casi un mantra para quienes preparan oposiciones: hay que estar hidratado y una sala llena de gente nerviosa enseguida puede convertirse en algo parecido a una sauna. En ese caso, una botella de agua (o un abanico) puede ser la salvación.

Bolígrafos de varios colores y típex por si se puede usar

No se puede llevar un solo bolígrafo, es tentar la mala suerte. A veces el calor en el aula es tan intenso que algún bolígrafo ha dejado de funcionar. Lo normal es llevar varios, y de color negro o azul. Muchos tribunales desechan cualquier otro color para que no haya posibilidad de que se reconozca la prueba de uno de los examinados.

También se recomienda llevar típex o un sistema que permita corregir algún error. A veces los tribunales no quieren que usen, pero si no hay inconveniente el examen queda más limpio.

El reloj, que no sea «inteligente»

Estamos tan acostumbrados, que muchos no se dan cuenta que llevan un reloj inteligente. Y están expresamente prohibidos, porque pueden servir para consultar Internet o recibir información. Por eso, en las academias se recuerda que para la ocasión echen mano de algún reloj tradicional. Llevarlo, dicen, es importante, para sentirse seguro, para comprobar que las cosas van al ritmo deseado. Sin embargo, no es estrictamente necesario, porque la mayor parte de los profesores de los tribunales van avisando del tiempo, especialmente hacia el final de la prueba.

Leer los enunciados con calma y programar el tiempo en cada parte

Cuando uno abre el cuaderno de las preguntas, es normal querer empezar a responder rápidamente, con solo dar un vistazo. Sin embargo, este es uno de los consejos más repetidos: calma. No hay que dar nada por sabido, sino repasar las cuestiones para que no haya posibilidad de confusión.

Una vez que se tienen claras las preguntas, el opositor debe organizar el tiempo, repartir mentalmente el ejercicio para no entretenerse demasiado al principio y verse abocado a un final precipitado.

Si uno está tan nervioso en los primeros momentos que no puede calcular la distribución de tiempo que necesitará, lo mejor es que cierre los ojos y respire varias veces intentando dejar la mente en blanco. Hay que resetear, volver a poner en funcionamiento el cerebro estresado.

Hay que tener confianza: todo el trabajo anterior dará sus frutos

Seguro que la situación que se plantea, la cuestión que se pregunta, es conocida. Un opositor no suele presentarse al examen con temas pendientes de mirar. Solo hay que tener la confianza suficiente para poder recordar esa información esquiva. Entrar en bucle pensando que no se recuerda algo se convierte en una profecía autocumplida. Así que lo mejor es volver al primer consejo de los preparadores: «No es cuestión de suerte, han sido meses de trabajo».

El examen puede variar con el tribunal, aunque sea para la misma especialidad

Solo quienes comparten tribunal tienen garantía de contar con preguntas idénticas y el mismo criterio de evaluación

El examen de hoy no es igual para todos los participantes aunque sean de la misma especialidad. Solo quienes comparten tribunal tienen garantía de contar con preguntas idénticas y el mismo criterio de evaluación; el resto, depende. Cada vez es más frecuente con los tribunales del mismo grupo se pongan de acuerdo, pero no tienen obligación de hacerlo.

Magisterio

Ejercicio práctico. Los aspirantes a maestros harán una prueba práctica a las once de la mañana. El tribunal les preguntará cómo actuarían si en su clase se da una situación concreta: hay que saber qué hacer basándose en el temario y en la legislación educativa.

Tema a sorteo. Por la tarde llega la hora de la teoría. Se sortean unos temas para que puedan desarrollarlos.

Acuerdo de tribunales. Si unos tribunales se ponen de acuerdo, proponen el mismo ejercicio para todos y a la hora del sorteo del tema, lo hace el número 1 y llama al resto para comunicar qué salió.

Leer el examen. En unos días, los opositores tendrán que leer ante un tribunal el examen que han escrito hoy. El jurado atiende cada día a 20 o 30 aspirantes.

Siguiente fase. Solo si aprueban lo anterior pueden hacer el siguiente examen: el desarrollo de una unidad didáctica y su defensa ante el tribunal.

secundaria

Conocimiento técnico. La primera parte de la prueba a profesores de secundaria es demostrar que tienen suficientes conocimientos técnicos. A veces son exámenes extremadamente largos.

El lunes, el tema. Muchos desarrollarán el tema en la convocatoria del lunes (puede ser mañana o tarde, cada especialidad tiene un horario propio). Esta tarde solo se examinan de los temas teóricos los de Xeografía, Inglés y Lingua Galega.

Acuerdo de tribunales. Es más fácil llegar a acuerdos que en Magisterio porque las materias de secundaria se organizan por ciudades (Física en Vigo, Xeografía en Santiago...)

El resto, como Magisterio. El resto del proceso es como para Magisterio: lectura de temas y segunda prueba con unidad didáctica.

Este año se convocan 2.700 plazas públicas en Galicia

La comunidad ha perdido casi 10.600 puestos de trabajo del 2011 al 2016 a consecuencia de la crisis económica

 

Tras la aprobación de los Presupuestos, la Administración ha abierto la mano a la hora de gastar en empleo. Este año la Xunta convocará al menos 2.700 plazas por la vía de la oposición y se espera que el 2017 cambie la tónica de los últimos años en este sentido.

La crisis económica hizo adelgazar la función pública como nunca antes había sucedido. Si se toma como referencia el período que va del 2011 al 2016, Galicia ha perdido casi 10.600 puestos de trabajo. Durante ese lustro fue cuando se decretó la prohibición de reponer puestos vacantes para ajustar el gasto y cumplir con el objetivo de equilibrio en las cuentas públicas. No fue hasta el 2016 cuando tímidamente volvió a abrirse el grifo para cubrir la mitad de las bajas generadas por jubilación, fallecimiento o renuncia.

En Galicia hay casi 90.000 funcionarios autonómicos. La mayor parte están en sanidad y educación (34.200 y 34.037, respectivamente) y son estas áreas las que han convocado oposiciones para este ejercicio. Además hay 16.000 trabajando en las consellerías y muchas menos, unas 2.500, en Xustiza.

El problema no se limitó a la Administración autonómica. De hecho, es en los ayuntamientos y en las diputaciones donde se ha producido un mayor adelgazamiento; concretamente, entre el 2010 y el 2016, según los datos facilitados por el Ministerio de Hacienda, la plantilla de las corporaciones locales bajó un 17 % (5.148 trabajadores menos).

Galicia, con todo, no es la comunidad peor parada con esta crisis: entre el 2010 y el 2016 Murcia y Castilla-La Mancha perdieron un 10 % de sus funcionarios, mientras que en Galicia no llegó al 5 %.

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