«Lo más importante es ir al examen descansado»

Laura García del Valle
laura g. del valle REDACCIÓN / LA VOZ

SELECTIVIDAD

ALBERTO LÓPEZ

Cuatro alumnos gallegos relatan cómo se han preparado para los exámenes de selectividad que comienzan hoy

10 jun 2015 . Actualizado a las 11:19 h.

Llevan todo el curso esperando este día. Comentarios de texto, sintaxis y balances que pueden garantizarles a los alumnos gallegos de segundo de bachillerato las llaves de acceso a la carrera que desean estudiar. Hoy comienzan tres jornadas duras donde demostrar lo aprendido este año pero, ¿cómo se han preparado los alumnos en esta recta final?

Hay un patrón común que rige a estos preuniversitarios: los nervios. Hay quien ha empezado a estudiar con mucha antelación y otros que hasta hace una semana no se han puesto las pilas. Sin embargo, el miedo a la presión y a no saber qué les van a preguntar se mantiene inalterable.

El vigués Hernán Cerviño, que se encuentra en una posición privilegiada porque quiere estudiar Matemáticas -carrera sin límite de plazas-, afirma que «aún así los nervios van unidos a la situación, pero sí que es verdad que me lo puedo tomar con más calma».

Por el contrario, Paula González, de Allariz (Ourense), Claudia Fraga, de A Coruña y Elena Combo, de Guitiriz (Lugo) no se pueden permitir grandes respiros. Paula tiene que sacar un 8,5 de media en los exámenes para poder entrar en Medicina en Santiago. «Intento relajarme, pero lo cierto es que estoy muy intranquila, así que últimamente las valerianas y las tilas se han convertido en mis aliadas». Y eso que consiguió superar el curso con matrícula de honor. Elena ha sido más práctica y decidió distribuir su tiempo de estudio en pequeñas dosis «ya que un estudio muy continuado puede hacerme perder la concentración». Por su parte, para ganarle la batalla a Morfeo cuando el cansancio ya aprieta, Claudia ha aumentado sus dosis diarias de cafeína «y en ocasiones tomo bebidas energéticas».

«Irse a dormir temprano»

Pero el día antes de la prueba de fuego entra en escena -o eso intentan- la templanza. Ayer los cuatro alumnos se dedicaron a repasar la materia de los exámenes a los que se presentan hoy y se hicieron la promesa de irse a dormir a una hora prudente porque «lo más importante es ir descansados, sino no sirve de nada el estudio», comentaba Hernán. Paula, que refuta esta teoría, esperaba poder cumplir el acuerdo aunque afirmaba a media voz: «Me parece difícil que me vaya a acostar antes de la una; sobre todo quiero repasar la literatura de castellano y gallego».

Santi M. Amil

Los rituales de cada uno varían pero, en el fondo la misión es la misma: mantener los nervios a raya. Claudia, que es una asidua a las bibliotecas comentaba que el día antes no se la juega. «Hoy me quedo en casa, si estudio con gente seguro que nos contagiamos los nervios unos a otros». Del mismo modo, Hernán se fue al gimnasio a última hora de la tarde de ayer para despejar la mente: «No creo en los atracones de última hora», afirmó tajante.

Las quinielas: un clásico

Sin duda, las asignaturas que más preocupan a estos alumnos son las de letras y en el podio de la dificultad se encuentran lengua y filosofía. La primera «por la importancia de una buena redacción», declara el joven vigués, y la segunda porque «es más difícil predecir la manera de corregir», comenta la futura médico.

M.MORALEJO

Las quinielas son parte habitual del ritual de la selectividad y estos alumnos ya han hecho sus cábalas. Para Elena, que se presenta al examen de Historia, es fundamental estudiar a fondo el siglo XX ya que dice «ha caído en muchos más exámenes que el XIX». Por su parte, la herculina cree que no es necesario estudiar todos los autores de filosofía porque «nunca hay dos filósofos coetáneos en el mismo examen, y como siempre hay dos modelos, puedes descartar algunos autores».

Existe tanta variedad en los métodos de estudio y en la forma de afrontar estos exámenes como matriculados en selectividad. Pero Paula, Elena, Hernán y Claudia afirman que lo más importante es ir tranquilos y sin horas de sueño a las espaldas. Ahora, la suerte está echada.