Recién terminada la selectividad, la meiga mayor reclama más implicación de los coruñeses con las hogueras
21 jun 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Esta semana será difícil de olvidar para la joven María Martínez García-Armero. Ayer terminó los exámenes de selectividad -parece que con éxito, según cuenta- y ya tenía la tarde totalmente ocupada en los últimos retoques del traje y demás preparativos para la noche del lunes, en la que presidirá los fastos de San Juan como meiga mayor. «Está siendo muy emocionante. Es algo distinto, que me ha hecho descubrir un montón de cosas de la ciudad que desconocía», cuenta ilusionada frente a la falla que ayer terminaba de montarse en el arenal de Riazor. Una figura con la que María se muestra más que complacida: «Es la más bonita que recuerdo».
Acabar siendo meiga mayor es algo que nunca se planteó demasiado en serio: «Vinieron a darnos una charla de la comisión de fiestas al Eusebio da Guarda, el instituto al que voy. Quiero decir, iba. Mandé mi currículo porque me parecía algo curioso. En enero nos hicieron unas entrevistas a las candidatas. Eso fue un sábado. Pues tres días más tarde ya estaba en Fitur con el traje regional», explica. La experiencia está siendo más que satisfactoria para la joven meiga, aunque ella le quite relevancia: «Te vas vistiendo de lo que toca en cada momento, según el acto al que haya que acudir, y ya está».
Sin embargo, sí que ha calado esta responsabilidad en María: «Ahora veo San Juan de una manera totalmente diferente. Para mí siempre fue la fiesta más importante del año en la ciudad. Pero echo de menos el empuje que dan en el Mediterráneo a este tipo de fiestas. Más compromiso de los ciudadanos». Hasta ahora, María vivía la noche mágica como el resto de jóvenes coruñeses, es decir, en el Orzán: «Hacíamos guardia desde el mediodía, comiendo pipas y cerezas, para que nadie nos ocupara la parcela de playa, mientras otros iban trayendo la leña para la fogata», recuerda. Aunque este año será bastante diferente, dado que los compromisos inherentes a su cargo son inexcusables: «Una vez arda la falla y coma unas sardinas con la comisión, podré cambiarme e ir con mis amigas. Aunque con calma, que al día siguiente creo que tengo algún acto», recapacita.
Cuando María habla de las fiestas del fuego de Levante -tanto las fallas valencianas como el San Juan de Alicante-, lo hace con conocimiento de causa. Por motivos laborales de su padre, vivió en Valencia entre los cuatro y los quince años, algo que no olvida: «Las amigas de toda la vida las sigo teniendo allí. Por eso quiero hacer la carrera en Valencia». Todo apunta a que no tendrá problema, ya que cuenta con un 8 de media en Bachillerato y salió contenta de los exámenes de selectividad: «No quiero quitarle hierro, pero no es para tanto. Sufrí más con los exámenes del instituto. Lo peor son los nervios de la semana anterior». Lo que puede ser más difícil es escoger la titulación en la que matricularse: «Me gustaría estudiar Psicología, pero no sé si sería lo mío a la hora de ejercer. Así que dudo si hacer mejor Filología inglesa».
Cualquiera que sea su elección, lo que sí tiene claro es que será en Valencia donde desarrolle sus estudios. Los recuerdos de infancia tiran mucho. Y algún otro factor puede que influya también en la decisión. En medio de la conversación a María se le escapa un nombre, Fran: «Bueno, es mi novio. Nos conocemos desde muy pequeños», admite. Y, en efecto, Fran vive en Valencia.