La meiga de las hogueras recuerda el «soso» San Juan de Valencia y se prepara para el segundo que pasará en la ciudad
09 feb 2008 . Actualizado a las 02:00 h.«A ver, esta es una historia un poco larga, porque yo nací en Coruña, todo mi familia es de aquí, bueno son gallegos, y cuando tenía cuatro años estuve viviendo un año en Ortigueira, porque mi padre es de por allí, de Espasante». Dicharachera, con una cara en la que parece nacer la alegría, con la sonrisa fácil y un no muy escondido fondo de melancolía que aparece cuando cuenta que el próximo mes de septiembre se marchará de nuevo a Valencia «porque allí hay una persona que aquí no hay». Es María Martínez García-Armero y ha sido elegida Meiga mayor de las hogueras de San Juan.
Estos días anda un poco ajetreada, y no es porque su amiga, y antecesora en el puesto, Estefanía Filloy, le esté poniendo al día de las distintas tareas que lleva consigo el hecho de ser la reina del San Juan; el ajetreo es por los exámenes de segundo de bachillerato que cursa en el instituto Eusebio da Guarda. La relación con los libros lo resumen en una sencilla frase: «Estudiar no es ningún problema, el problema es ponerse a ello».
Confiesa que hasta ahora tenía cierta fama de chapona, de hecho su nota media está por encima del 8; sin embargo, últimamente ha bajado un poco «y ahora estoy en un seis y pico que es lo que necesito además para la selectividad». Bromea con que siempre puede achacarlo «a un trauma sufrido por el traslado de ciudad», pero reconoce que no fue así y que tiene que esforzarse un poco más. El objetivo es marcharse a Valencia, sin su familia, para estudiar allí psicología. Además, la cuestión de los estudios fue una de las pegas que le puso su madre cuando se presentó y piensa que no le afectará.
Sobre el traslado recuerda que cuando vino pesaba 40 kilos «y ahora no voy a decir lo que peso» y es que, resume su redescubrimiento de la ciudad: «vivir en A Coruña sí que es 'Galicia calidade', y por muchas cosas».
Frente a la bahía de Riazor, recuerda que volvió a vivir en la ciudad los 15 años, si bien los años anteriores venía con la familia a veranear. Fue, como la película, volver a empezar «porque lo único que recordaba era mi casa y la guardería a la que iba». Así empezaron los paseos, el volver a descubrir la ciudad y la querencia por la zona del paseo marítimo que discurre por cerca de la rotonda de las Esclavas. Por allí pasea a su perro, «se llama Cuco, es su caniche, pero ya venía con el nombre puesto o eso al menos nos dijo mi madre para engañarnos y ponerle ese nombre». Recuerda, mirando el soleado arenal de Riazor, como «empecé a venir por aquí y me gustaba». Suele ir acompañada de al música, canciones en las que hay «de todo un poco; ahora venía escuchando Good Charlotte, otras veces Marea... de todo un poco, canción que me gusta, canción que me cojo». Con una nueva sonrisa, explica que ahora «como estoy con los exámenes va mi padre a pasearlo, ya sabes, con la mítica de 'yo no quiero perro, que luego tengo que sacarlo a pasear' y ahora lo saca», concluye riéndose.
En cuanto a la fiesta del San Juan ya lo celebraba en Valencia pero «allí no es tanto de hogueras, no es como aquí que se hacen en toda la playa, allí es un día de fiesta, le piden los tres deseos a San Juan, se mojan los pies y para casa otra vez; luego hay fuegos artificiales, bueno en Valencia siempre los hay».
En cambio, asegura que en el San Juan coruñés «es todo muchísimo más divertido. Vine por primera vez el año pasado y me gustó mucho; me acuerdo de que ya quedamos a las doce la mañana para recolectar la leña y para hacer la hoguera en la playa. Este va ser mi segundo año y a lo grande».
Ante la expresión catalana («allí hacen vacaciones») dice que habla valenciano «mejor que el gallego», aunque este lo entiende perfectamente.