AL FILO | O |
17 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.ACABA LA LOCURA de los exámenes, los nervios se dejan a un lado y a la espera de las notas todos los estudiantes sueñan estos días con tirar los libros en una esquina y disfrutar del verano. Para algunos la estación viene acompañada de ensayos, giras y actuaciones a lo largo y ancho de la geografía gallega. En las fiestas ellos serán los protagonistas. Primero son las actuaciones de fin de curso, los festivales de teatro, los de las escuelas de música, los de las bandas. Padres, familiares y amigos se sentarán de nuevo en las gradas para admirar los progresos de sus pequeños y no tan pequeños vástagos. Para muchos el curso que acaba marca el fin de una etapa. En septiembre dejan infantil para embarcarse en la aventura de la primera, otros empiezan Bachillerato con cierto temor, cambiar de centro para cursar la ESO. Otros se muerden las uñas esperando el veredicto de la selectividad qué decide con un número la carrera que podrán estudiar y, de paso, seguramente su futuro. Pero no es tiempo de pensar en eso. Quedan pocos días y el que más y el que menos cuenta las horas para ver escrito en la pizarra del aula aquello de «Felices vacacións». El resto siempre tiene arreglo. Unos tendrán que sufrir alguna bronca por las notas, otros se llevarán algún regalito extra por lo mismo. Unos negociarán las horas de estudio y las clases particulares, otros disfrutarán de los campamentos, de la playa. De esos veranos que en la infancia parecen no tener fin y que luego cuando crecemos nos parecen tan cortos siempre. (Debe ser porque el tiempo de vacaciones se reduce algo más que ligeramente). El caso es que falta poco.. Los más pequeños llegarán a casa con sus notas y a los padres nos caerá la baba con las consideraciones de los profes y la lista de todo lo que saben hacer nuestros chiquitines. Cuando crezcan será otra cosa.