Crónica | Historia viva de la ciudad desde 1951 La academia Minerva se transformó en un centro educativo de referencia con muchas luces y alguna leyenda negra
29 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.Los escasos alumnos que en 1951 acudían a la Academia Minerva de la inhóspita Xeneral Pardiñas cabrían en uno solo de los autobuses que en breve empezarán a desplazar a diario a cientos de niños del siglo XXI a Montouto. Compostelanos que entonces eran alumnos del centro como Suárez Camino, Gil de la Peña, García Baliñas o Moralejo estudiaron a caballo entre la pequeña preceptoría que ya dirigía el profesor de Química Manuel Peleteiro y la mole de cemento de San Pedro de Mezonzo. Le acompañaban en la función docente profesores como Río Barja, Varela Jácome, Emilio Dopico, Virgilio Moure o Laureano Otero, cuyas personalidades quedaron irremediablemente unidas a la trayectoria del colegio y a las de los miles de alumnos que pasaron por sus aulas. En los años 50 y 60 el colegio forjó una reputación que todavía mantiene, y es que en cuestiones académicas siempre ha apretado el acelerador un punto más a fondo que el resto, apuesta que siempre se ha visto refrendada por unos brillantísimos resultados en la selectividad y numerosos premios a sus estudiantes. En aquellos años todo giraba en torno a las fuertes personalidades del fundador, que falleció en 1965, y de su mujer, Dolores Ramos, que ejerció como directora hasta finales de los 80. La fama de centro estricto y la de algún profesor con la mano suelta trascendió a Santiago envuelta en leyenda negra, y de hecho muchos gallegos de entre 30 y 50 años aseguran que sus padres les amenazaban con enviarles en verano al internado si suspendían en junio. La llegada de las mujeres en la década de los 80, ya con Manuel y Luis Peleteiro al frente del centro, resultó balsámica en muchos sentidos. Aquellas niñas -hoy treintañeras- ya escucharon el runrún de que el COU lo estudiarían en Montouto. Igual sus hijas...