En las aulas calurosas

XOSÉ VALIÑA

SELECTIVIDAD

A XESTA | O |

17 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

HACE CALOR, pero mucho más lo sentirán en las aulas los dos mil jóvenes que aspiran a reverdecer los laureles de Fonseca. Es, para ellos, la hora de la verdad. Como lo fue para mí en su día, hace una treintena de años, en el Rosalía de Castro. Si los alumnos de selectividad que se sientan estos días en los pupitres tiemblan como yo, no les bastarán cinco litros de tila para que la grafía de sus textos, además de legible, tenga una mínima dignidad. Quizás por ello, para no mancillar las gloriosas aulas de letras, casi todas las facultades elegidas para los exámenes son de ciencias. El día 29, entre sudores fríos, los candidatos a universitarios sabrán si al menos son electos. Lo bueno para los periodistas es que no tendrán que oir centenares de voces temblorosas suplicando que se les diga si figuran o no en la relación de aprobados. El invento de Internet nos priva del engorro de tener que dar malas noticias y de certificar los inicios de una depresión. La selectividad es un trance y un riesgo, porque estoy convencido de que Einstein nunca hubiese superado las pruebas. Yo aconsejo tranquilizarse, aunque es fácil aconsejar desde la barrera y desde una experiencia lamentable a la hora de mandar los nervios a paseo.