Testimonio | Dos estudiantes cuentan cómo fue su primer día de selectividad Sortearon con éxito las primeras pruebas entre repasos, nervios y colas para comer
16 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Andrea Fernández Vidal, coruñesa de 18 años, hincó codos los últimos nueves meses para dar el salto a la Universidad desde el instituto David Buján de Cambre. Estudiar todo el curso como una jabata le valió una nota media de 8,3 y cierta tranquilidad para afrontar la gran prueba: sólo necesita sacar un cinco pelado en selectividad y podrá elegir entre matricularse en Ingeniería Química, Química, a secas, o Físicas. «De momento no es para tanto. Mete más miedo de lo que es, la verdad», asegura Andrea de su primer día de exámenes de acceso a la Universidad. No es tan fiera la selectividad como la pintan. Ella se la imaginaba «en un aula enorme y con gente desconocida», pero fue en una clase tamaño estándar de Caminos y con los compañeros de siempre del insti . Materias comune s Ayer, como a los 1.927 coruñeses restantes convocados a la selectividad, tocaba demostrar conocimientos en las asignaturas comunes. Primero, Lengua Española y Literatura. «Me salió bien, creo que apruebo, pero no sé con qué nota», cuenta mientras hace cola para comprar un bocadillo. Después vino la prueba de gallego: bilingüismo, diglosia y un poema de Rivas. Ahí flojeó un poco. «Pero no creo que haya problema», confiesa esta chica de ciencias. Lo que le preocupa de verdad es el examen de Química del viernes. «A ver qué nos ponen», suspira. Nervios Alma del Mar Quintáns Calviño vuela al baño de Derecho con un grupo de amigas. Sólo faltan 15 minutos para que empiece la primera de las siete pruebas por las que tendrá que pasar. Está tan nerviosa que contesta que tiene 16 años. «Ay, pero si entonces no podría presentarme a esto», dice esta ya ex alumna de Compañía de María. Su expediente suma un 6 de media y únicamente «necesito aprobar y poco más». Su meta es entrar en la Facultad de Psicología, en Santiago, o en la Escuela de Aparejadores, más cerca de casa, en el campus de A Zapateira. «Estoy contenta, por ahora apruebo», resume Alma, que por la mañana le tocó escribir sobre la literatura gallega en la posguerra, «ahí me confundí», y hacer un comentario acerca de la novela La verdad sobre el caso Savolta . Por la tarde, exprimió las neuronas con el Inglés y la Historia. «Pensaba que la selectividad iba a ser así por que los profesores nos habían enseñado otros exámenes, aunque nunca sabes qué te va a tocar», explica Alma. Tanto a ella como a su compañera de fatigas les choca bastante pensar que en pocos meses serán tan universitarias como los que ven estos días por los pasillos y las cafeterías de las facultades. «Impone un poco», comenta Alma. «Yo ya me veo en el campus. Es que de repente te sientes mayor», asegura Andrea.