EL CRISOL | O |
15 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.PASAMOS EL ecuador del mes de junio, que es casi como comenzar la tarde de un viernes. Porque junio tiene ese aire prevacacional, que se respira sobre todo en el ambiente colegial, al lado de los institutos, en esos estudiantes universitarios que llegan al final del curso y en esos otros que hoy comienzan la selectividad que habrá de llevarlas a las aulas de alguna facultad. Junio se presenta cargado de buenas vibraciones antes de las vacaciones, como el viernes es el día de planear el fin de semana. Junio es también un mes en cierta medida evocador, de aquellos tiempos jóvenes en que nos despedíamos de las clases y de los libros durante meses, algunas veces salpicados de pasantías para buscar la recuperación en septiembre. Junio es también el mes que inicia la romería festiva que jalona el calendario estival. El San Paio de A Estrada y el San Pedro de Agolada van poniendo las bases de la diversión que continuará durante todo el verano, hasta que en septiembre Los Dolores de Lalín pongan el colofón a los festejos patronales. Pero el ecuador de junio tiene otra semejanza con el mediodía de los viernes: el final del mes se adivina, pero no acaba nunca de llegar. Quedan días y más días de exámenes, horas y horas de trabajo. Y muchos minutos de nervios: los que seguro atenazan hoy a los cientos de estudiantes de la zona que concurren a las pruebas de selectividad. Que, en mi experiencia, es de los peores tragos académicos que superar. Porque es la barrera que separa a los bachilleres de los universitarios, y porque determinará las facultades a que pueden asistir. En todo caso, mejor tomarlo con calma, y pensar que tras los exámenes, vendrán las vacaciones.