El peor día ya pasó a la historia

SELECTIVIDAD

ÓSCAR VÁZQUEZ

Reportaje | Las medidas de seguridad rodean a las pruebas de acceso a la universidad En Vigo hubo que fotocopiar cientos de exámenes, en presencia de varios alumnos que actuaron como testigos, debido a la escasez de los originales enviados desde Santiago

11 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Rebeca tiene un 9,1 de nota media y quiere estudiar Comunicación Audiovisual para ser cámara de televisión En la comisión de Económicas se encuentran viejos conocidos, el fogueo previo es conveniente En los pasillos, cientos de estudiantes lanzan una ojeada apurada a los apuntes antes del siguiente examen ?l peor día es el primero. Lo asegura Gerardo Calderón, un veterano profesor del Instituto Politécnico. Ayer tenía a ochenta alumnos examinándose de selectividad en la facultad de Económicas. En ese centro se sometieron a las pruebas 490 alumnos; otros 499 lo hicieron en Industriales; 567 realizaron el examen en Humanidades y 494, en Ciencias. Esto por lo que se refiere a los alumnos que han estudiado Logse. Los del sistema antiguo, 25 procedentes de COU, realizaron las pruebas en la Facultad de Ciencias del Mar. Todos ellos podrán saber sus notas el próximo día 24. Así podrán celebrar la fiesta nocturna con más motivos de celebración. Calderón dice que el primer día los estudiantes están más nerviosos y que, además, hay más tensión porque se trata de las asignaturas comunes y están todos convocados. El año pasado por estas fechas el Politécnico presentó a 74 estudiantes y aprobaron 70. Este año va por el mismo camino, a tenor de lo que cuentan los estudiantes. Iago López Rodríguez salía contento de la prueba de lengua española: «me ha salido bien, era fácil». Había dos opciones para el comentario: un texto de Buero Vallejo y otro de Pedro Salinas. Fotocopias «¿Donde está el presidente de la comisión?», exclamó un profesor entrando acelerado en la sala de juntas del decanato de Económicas donde estaba la comisión de selectividad de los que se examinaban en dicho centro universitario. Y es que la falta de originales fue un problema que se repitió en todas las pruebas, según comentaba Nicanor Alonso, profesor de la facultad y presidente de dicha comisión. Alonso es un veterano, lo mismo que José Montero, profesor de Filología que actúa como secretario de dicha comisión. «Conviene tener un fogueo previo», asegura Montero. Ellos son los guardianes de las llaves. Cada año los cerrajeros tienen que cambiar la cerradura de la sala donde se custodian los exámenes.. A raiz de las filtraciones de hace nueve años se multiplicaron las medidas de seguridad. Los cuestionarios están en sobres cerrados con etiquetas codificadas. Una de las etiquetas es para identificar la materia, la otra para cada alumno. Begoña Villanueva es una de las funcionarias de la universidad que se dedica a la ardua tarea de pegar las etiquetas en cada sobre. Habitualmente trabaja en el edificio del rectorado, en el departamento de personal elaborando los contratos de la universidad. ¿Por qué está como personal de apoyo en la comisión? Por cambiar la rutina diaria de trabajo y por la gratificación que obtiene. Tampoco es gran cosa lo que pagan, pero es hacer algo distinto. Como Begoña en cada centro hay dos personas que hacen este tipo de tareas. Mientras estas personas hacen su trabajo sin ninguna muestra de alteración, en los pasillos los nervios se disparan. Va a comenzar la prueba de gallego y los estudiantes dan el último repaso. Una de las más aplicadas es Rebeca Iglesias, alumna del Polítécnico trae un 9,1 de nota media. Quiere estudiar Comunicación Audiovisual o Imagen, en A Coruña, «para abrirme al mundo». Si Rebeca saca buenas notas, aparte de ser inteligente, es porque se ha aplicado con ahínco. «He estudiado mucho para selectividad, siete horas diarias». El objetivo de Rebeca es ser cámara de televisión, aunque no está dipuesta a arriesgar la vida en una guerra. En el acelerado repaso de última hora Rebeca formuló un deseo: «que no me toque Manuel Antonio ni la Xeración das Festas Minervais». Tuvo buena suerte: los examinadores pusieron un poema de Celso Emilio Ferreiro como primera opción y un texto de Carlos Lorenzo publicado en A Nosa Terra, como alternativa. Por la tarde tuvieron lugar las pruebas de lengua extranjera y la composicion de un texto de carácter histórico. Hoy cada uno se enfrentará a las asignaturas que ha elegido en las distintas opciones. Mañana la suerte estará echada.