«Desconecteime porque pagaba ata trescentos euros de luz ao mes»

Vitín Lema, vecino de Vedra, apostó por la energía fotovoltaica como alternativa al suministro tradicional


santiago / la voz

Cuando una persona dice que vive desconectada, la primera imagen que se le viene a la cabeza a quien lo escucha es la de alguien ajeno a todo lo que le rodea. Pero la semántica dice otra cosa, como bien confirma la Real Academia de la Lengua y también Vitín Lema Pérez, vecino de Vedra. La RAE recoge como definición principal de la palabra desconectar la de «suprimir la comunicación eléctrica entre un aparato y la línea general». Y esto es, textualmente, lo que acaba de hacer Vitín Pérez, que vive en una casa completamente aislada de la red eléctrica general.

Donde muchos pueden ver una filosofía de vida, Vitín Leme ve sobre todo, euros, los que tenía que pagar por el suministro energético de su casa y que llegaron a trescientos al mes. La razón de tamaño importe es que su vivienda, una casa en Merín, en Vedra, muy cerca de Lestedo, recibía electricidad de un transformador que pertenecía a un antiguo aserradero de la familia. Para recortar el gasto y pagar menos por un consumo de un hogar medio la única solución que le ofrecía el sistema convencional suponía una inversión de más de diez mil euros. Y eso para que la factura se quedase, de momento, en unos cien euros mensuales.

Pero Vitín Lema, que no vive precisamente desconectado, trabaja en la USC desde hace años. Y allí, preguntando por diferentes opciones, un compañero le dio un sencillo consejo. «Fala con Ángeles». Y Ángeles López Aguera, profesora de la Facultade de Físicas y docente del Máster de Energías Renovables y Sostenibilidad Energética, le planteó diferentes energías alternativas, como la energía eólica y la solar. Esto ocurría hace año y medio, y tras diferentes pruebas, estudios, presupuestos, dudas despejadas y una desconexión parcial, desde el pasado puente de la Constitución la suya es una casa técnicamente definida como una «vivienda aislada».

Hasta llegar a la desconexión energética Vitín Lema contó con el trabajo de Marcos Neira, electricista y también vecino de Vedra, que puso mucho de su parte para adentrarse en un nuevo sistema que también defiende a ultranza. De hecho, confirma que antes de la implantación de la energía fotovoltaica en la casa de Lema ya trabajó con un generador para una explotación agrícola. «En este caso el mecanismo es mucho más sencillo y barato», explica López Aguera, ya que apenas son necesarias baterías porque la maquinaria se alimenta directamente de la luz. Es el mismo sistema, añade, que utilizan los radares de tráfico instalados en la carretera, de cuya efectividad nadie duda. Con este mismo argumento, esta física defiende su instalación en edificios públicos porque necesitan poca energía y casi siempre de día.

Con todo, Lema reconoce que hasta que pase un año no podrá hacer un balance real del funcionamiento y del coste final, pero afirma que los números le dan la razón, ya que, detalla, «pasei de pagar ata trescentos euros ao mes nalgún recibo a un sistema que, como moito pode chegar a consumir trinta litros de gasóleo ao ano». Este combustible es el que alimenta el generador alternativo por si hay un fallo, aunque las baterías almacenan energía durante tres días, una garantía que ninguna eléctrica facilita.

Y mientras tanto, recuerda la experiencia de un vecino de Arbo que optó por este sistema cuando la tormenta Klaus le destrozó en el 2009 su instalación. «E vaille ven», apostilla.

Energía del futuro. Vitín Lema, Ángeles López y Marcos Neira, creen que la energía fotovoltaica es la energía del futuro. Lema resalta el ahorro, López argumenta que Galicia solo tiene el 15 % menos de luz que Almería y Neira ve en este sector una oportunidad laboral para crear empleo en la comarca.

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