El Observatorio Astronómico, que cumplió 75 años, es un referente mundial en el estudio del cielo
06 oct 2018 . Actualizado a las 05:00 h.José Ángel Docobo no para nunca, con un pie en la tierra y otro en el universo. Pero estos días, con la celebración del 75 aniversario del Observatorio Astronómico Ramón María Aller, su actividad se multiplica a la velocidad con que se mueven sus amigas las estrellas. Docobo dedica la efeméride al recuerdo de quien fundó el centro, «porque sin don Ramón nada de esto podría haber ocurrido», pero también a hacer promoción de la actividad de un proyecto que nació modesto pero que, gracias a su empeño y al de sus investigadores, colocó a la USC en el centro del estudio del universo, sobre todo, por la investigación de las estrellas dobles y múltiples, fundamentales para el estudio de la gravitación. Por esos logros, el profesor Docobo fue elegido presidente de la Comisión de Estrellas Dobles y Múltiples del IAU en el año 2009. «Fue en 1985 cuando elaboré un método de cálculo de órbitas de estrellas dobles y ahora llevamos 400 observadas», recuerda.
Desde que en el año 1981 llegó a Santiago procedente de Zaragoza para hacerse cargo del observatorio, que tras la muerte de Aller había quedado abandonado, Docobo centró su misión en cuatro puntos esenciales: la docencia, la investigación, la estación meteorológica y la divulgación. Son como sus cuatro hijos, y el doctor en Astronomía por la Universidad de Zaragoza no puede ni quiere primar uno sobre los otros, si bien en la última de dichas áreas lleva con mucho orgullo el haber divulgado la astronomía entre los ciudadanos.
«La astronomía estaba entonces desprestigiada -recuerda Docobo en referencia al área de la docencia-. No había especialistas y se había convertido en una maría». Había que incorporar instrumental y hacer prácticas, y él no paró de llamar a todas las puertas hasta conseguir un telescopio que «al cambio del dólar costaba entonces unos dos millones de pesetas». La actualización de la biblioteca donada por el padre Aller, el cambio de la cúpula en los 80 y, por fin, la consecución en el 2003 de un telescopio ruso, «el segundo más grandes de los que hay en las universidades españolas», hicieron el resto y dignificaron una disciplina que tiene mucho que decir en el estudio de las ciencias, las matemáticas y la astronomía.
Docobo, incansable, no solo pidió material, pidió también proyectos de investigación que lograron que desde todo el mundo se mirase hacia la universidad compostelana. En 1996, coincidiendo con el quinto centenario de la USC, se organizó un congreso internacional gracias al cual aterrizaron en Santiago los mejores especialistas en astronomía de todo el mundo, «y fue un punto de inflexión importante».
Hoy en día, la USC tiene puntos de observación en Armenia y en Chile, y varios investigadores realizaron sus tesis en base a descubrimientos punteros que se hicieron bajo la dirección de Docobo. «Debemos sentirnos medianamente satisfechos desde el punto de vista de la investigación», dice con cierta modestia.
Toma de muestras diaria
La estación meteorológica la llevó Aller desde Lalín en el año 1945, pero estaba abandonada y llena de vegetación cuando Docobo llegó a Santiago. Se recuperó y «desde el 1 de enero del 82 no hemos dejado de tomar muestras ni un día; 36 años, dos veces al día; sábados, domingos y festivos». La Agencia Estatal de Meteorología no tenía estación en Santiago y se firmó un convenio de colaboración que dio lugar a que, en el año 1987, se instalase en Santiago la primera estación automática de Galicia. Pero en el observatorio siguen haciendo mediciones manuales. «La automática no funcionaba bien, marcaba un 20 % menos de agua de la recogida en realidad. Luego se mejoró, pero yo creo que todavía no es del todo exacta, para la temperatura sí es precisa, pero para la cantidad de lluvia, no».
Esa experiencia del día a día fue la que llevó a Docobo a afirmar, hace meses, cuando no caía ni una gota, que «en cuanto empiece a llover la gente se olvidará de la sequía». Y tenía razón: «Tenemos poca memoria», asegura.
Y por fin, a través de los programas de divulgación, el equipo del observatorio logró algo que la gente había dejado de practicar: mirar al cielo. A través del programa Pecas, que establece visitas de los universitarios al centro, pero sobre todo de Todocosmos, que lleva la astronomía a todos los puntos de Galicia, se ha logrado «acercar la ciencia a la población, porque subir al monte a observar las estrellas lo hacen pocos, pero nosotros hemos estado en aldeas donde la gente nunca pensó que llegaría un telescopio». Patrocinado por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología, se suman cada verano una treintena de concellos.
De la playa de Silgar a Ribadeo y de Armenia a Chile; la USC está en el centro del universo.