En O Son do Camiño también se curra

Aunque hacen jornadas maratonianas, los trabajadores del festival disfrutan estos días


Santiago / La Voz

Sí, ellos no van a darlo todo en el espectáculo pero se lo toman con mucho humor y filosofía. Son los trabajadores del festival O Son do Camiño que, al igual que los asistentes, se enfrentan a jornadas maratonianas. Pero no viendo conciertos, sino haciendo crepes, grabando actuaciones, organizando las entradas y salidas e incluso atendiendo emergencias médicas. Todo para garantizar un festival sin incidencias.

Daniel Covelo lo tiene claro, «ya se sabe a lo que venimos así que con humor y a llevarlo lo mejor posible». Este auxiliar de seguridad de 29 años de Vigo se encarga de echar una mano en los accesos y no ha aprovechado mucho los conciertos, «el de ayer -por el jueves- fue un día duro porque son muchas horas, pero entre todos lo llevamos bien».

Justo enfrente se ubica la base logística de atención sanitaria, de la que se encarga una empresa privada. Son dos médicos, tres enfermeros y cinco técnicos en transporte sanitario. Juan Varela, al frente, asegura que de momento hay mucha tranquilidad. En la primera noche de conciertos tuvieron una treintena de asistencias, la mayoría esguinces e intoxicaciones etílicas, «nada destacable en un festival de gran formato». Está acostumbrado a trabajar en este tipo de eventos, y cubren tanto los recintos de los escenarios como el cámping y los albergues. Conciertos, admite, no ven muchos, «disfrutas a tu manera, pero no solemos movernos para estar atentos al puesto».

Los que sí buscan un hueco para escaparse a alguna de las actuaciones son los cocineros de las múltiples foodtrucks que alimentan a los festivaleros. Ricardo Sánchez, de Estrambótica Lunch Wagon, especializada en comida mexicana, lo intentará con Jamiroquai y Kravitz. El festival está resultando para ellos un éxito, «de momento muy bien, vino muchísima gente, con muchas ganas y entusiasmo». Quesadillas, burritos y tacos en sartenes gigantes, «llevamos quince años en hostelería y con la foodtruck siete, nos movemos por España y Portugal, pero generalmente por el norte», cuenta Ricardo.

Diego Varela, de la crepería, se estrena en un evento de este tipo, «somos de Lalín y de momento está resultando por encima de nuestras expectativas, la gente muy educada, buen ambiente...». ¿Repetirán? «¡Hombre!», dice Diego. Sobre las peticiones culinarias, los festivaleros no se van a las crepes dulces, «piden las más caras, las saladas, bacon bacon bacon», cuenta. Aitor Narcea, cámara en mano y acompañado de su compañera redactora, está realizando el especial O Son do Camiño que emitirá la televisión pública gallega. Asegura que es duro, «porque son muchas horas, desde que empiezan los conciertos hasta el final, y el sábado desde la mañana». Admite que la gente lo disfruta «y creo que se lo están pasando pipa». A este equipo de periodistas les da tiempo a ver alguna canción suelta, «pero lo que se dice disfrutar como cuando vienes a un concierto, no, debes estar pendiente por si alguien aparece o si se te cuela en la cámara. Realmente a lo que vienes es a trabajar», explica Aitor. Son la parte no tan visible del festival, la que no aparece en el cartel pero hace que el público esté seguro, alimentado y lo pase bien. Así que también se merecen una ovación.

Atascos en la salida del festival y colas para comer

El principal problema de las primeras jornadas fueron los atascos a la salida del festival y la imposibilidad que tuvieron muchos asistentes de coger alguno de los autobuses lanzadera, por lo que fueron numerosos los festivaleros que acabaron regresando a Santiago a pie. También los compostelanos notaron los efectos del festival en la ciudad, con un tráfico denso durante todo el día.

Otra de las quejas del público fueron las colas que se crearon en algunos momentos de la noche para cambiar el dinero por los tuents, la moneda oficial del festival, así como para comprar bebida y comida, sobre todo esta última, porque a muchos de los participantes les apretó el hambre a las mismas horas de la noche.

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