Se admiten toro y elefante como recuerdo de Vigo
27 jul 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Una de las manías del turista es llevarse a casa un pedazo del lugar que visita. Normalmente no importa demasiado el objeto. Vale cualquier cosa que lleve escrito el nombre del sitio, aunque el adorno que le rodee ofrezca menos realismo que un reloj en la muñeca de un centurión en una película de romanos.
Los aledaños de la Estación Marítima de Vigo concentran la mayor parte de las tiendas dedicadas a tales menesteres en esta ciudad. A La Palloza, en el Centro Comercial A Laxe, llegan hordas de extranjeros en los trasatlánticos. La dependienta, Marina, está acostumbrada a bregar con todo tipo de preguntas. «¿Galicia significa gracias?», es una de las que más se repiten, pero también se esmera en explicar que los hórreos no son tumbas y que el cacharro de la queimada no es una sopera. En las estanterías se acumulan numerosos tópicos gallegos, pero es inútil. Asegura que lo que más le piden son castañuelas, toros, flamencas y guitarras. Olé. Y bisutería a paladas. Las meigas no tienen salida. «A los foráneos les dan miedo y tengo que explicarles que al contrario, que dan buena suerte».
Los recuerdos de Galicia son variados: el gaiteiro, la torre de Hércules, la catedral de Santiago o chozas celtas, pero el suvenir vigués deviene en empanada mental, en vez de la de zamburiñas o de xoubas. Así, continuando el periplo por las tiendas del ramo, en el mercado de A Pedra nos encontramos con elefantes que llevan incrustado el escudo de Vigo (ya saben, el famoso paquidermo olívico), ceniceros adornados con el archiconocido toro de... ¿Coia? o imanes que sitúan Santa Tegra en Vigo o que dibujan un paisaje vigués plagado de hórreos y montañas a la tirolesa. La novedad es el conocido eslogan de Nueva York trasplantado a las Rías Baixas: I Love Vigo, todo un esfuerzo de imaginación, pero que está teniendo éxito y también compran los oriundos. Hay que reforzar la autoestima.
José, del bazar Guay, coincide con la vendedora de A Laxe. «Lo que más nos piden son dedales e imanes, cosas baratitas y que pongan el nombre de la ciudad». Los objetos llevan impresos monumentos como los caballos de la plaza de España, los rederos de Gran Vía o el puente de Rande. Del Sireno de la Porta do Sol, del internacional escultor Leiro, ni rastro.
En el sector del merchandising turístico nos llevamos un suspenso en emblemas. No sabemos vendernos. Hasta las sardinas de chocolate que se encuentran a la venta imitando una lata de sardinas están fabricadas en Cataluña.
El mejor recuerdo galaico se sigue llevando en la panza. Al menos, hasta que llegue un avispado empresario que se forre inventando un brillante icono. Y después, nos quejaremos.