El primero de los polígonos públicos previstos en 1992 recibe a sus vecinos

Margarita Mosteiro Miguel
Marga Mosteiro SANTIAGO

SANTIAGO CIUDAD

PACO RODRÍGUEZ

Los propietarios esperaron seis años desde que entraron en la cooperativa de Volta do Castro El Concello y el IGVS acordaron hace doce años desarrollar siete suelos en Santiago

03 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

?ace doce años, el entonces alcalde de Santiago, Xerardo Estévez; y el conselleiro de Política Territorial, Xosé Cuiña, ponían sus firmas en un convenio de colaboración para desarrollar urbanísticamente el suelo de siete zonas de la ciudad (Volta do Castro, Ponte Pereda, Salgueiriños, As Cancelas, O Avío, Belvís y A Estrada), donde se construirían 1.700 viviendas protegidas. Doce años después, en uno de los polígonos (el de A Estrada) aún no empezaron las obras y otro (el de Belvís) sólo tiene ejecutada la urbanización. En los cinco suelos restantes, la intervención de gestoras de cooperativas hace unos seis años inició el proceso para construir viviendas, que acaba de concluir en Volta do Castro y casi en Ponte Pereda. La cooperativa de Volta do Castro asumió la construcción de 335 viviendas, cuyos primeros propietarios empezaron a ocuparlas a mediados de octubre. El pasado fin de semana, aprovechando el puente de Todos los Santos, muchos de los cooperativistas iniciaron la mudanza. Todavía ayer, a las puertas de los edificios había furgonetas de mudanzas descargando mobiliario y enseres. En las calles sólo podía verse algún obrero y un perro despistado en su nuevo barrio. Bloques vacíos En algunos de los bloques aún no vive nadie y en otros la ocupación es baja. Durante la jornada de ayer, en uno de los edificios los obreros de la constructora resolvían problemas con los porteros automáticos, mientras en otros pisos los carpinteros realizaban ajustes en las puertas interiores. Luisa es una de las nuevas vecinas de Volta do Castro. Recuerda que entró en la cooperativa hace «unos seis años, a lo mejor más, ya ni me acuerdo». Antes del verano le dijero que se podría mudar en septiembre, pero «no teníamos agua ni luz, así que no pudo ser; a mediados de octubre hice la mudanza y nos vinimos a finales de octubre». Aún no conoce a los demás vecinos, pero «creo que sólo hay otro piso ocupado». Otra vecina, Carmen, propietaria en uno de los bloques vacíos, espera poder cambiarse a finales de noviembre. «Lo haré con calma, porque después de tanto esperar un mes más no importa». Este piso de protección oficial fue para Carmen «la única posibilidad de quedarme en Santiago». Muchos de los vecinos que ahora inician el traslado desembolsaron cinco millones de pesetas hace seis y cuatro años. Desde entonces, esperan sus casas. Fernando pensó en tirar la toalla, pero «me metí en la cooperativa casi sin pensarlo y ahora creo que valió la pena». «Lo mejor es la luz», apunta otra vecina que aún tiene toda su vida empaquetada en cajas. Esta propietaria optó por retirar un tabique en su piso para hacer la sala más grande, «tengo cinco hijos, la mayoría casados, así que para las comidas necesito espacio».