Jorge Fariña era bombero en el parque comarcal de O Salnés. Uno de esos gestionado por una empresa privada. Como los de Ordes, Santa Comba y Arzúa. Como tantos otros, empezó de muy joven en Protección Civil en Meis y entró en el cuerpo cuando la seguridad comenzó a profesionalizarse. Era uno de tantos héroes silenciosos a los que maltratamos en Galicia pese a que salvan nuestras vidas arriesgando las suyas. La de Fariña expiró el lunes. Solo tenía 45 años. Su corazón se detuvo cuando ejecutaba un ejercicio de capacitación en la Academia Galega de Seguridade de A Estrada. Se preparaba para ser aún mejor. Para los que vivimos narrando emergencias y sucesos estos héroes no son anónimos. Se llaman Jorge, Dani, Honorino, Suso, Juan Manuel, Chicho, José Luis o Bruno. Hay muchos, muchos más. A unos les pagan unos sueldos insuficientes e injustos porque les negamos su condición de empleados públicos, que es lo que son. Los que sí la tienen, como es el caso de los de Santiago, trabajan en plantillas menguadas al extremo y con pocos medios. Todos los bomberos de Galicia están sobrecogidos por la muerte de su compañero. Los que conocimos a Jorge Fariña a este otro lado de la trinchera también. Encarnaba como nadie los valores de su profesión: sacrificio, esfuerzo, dedicación y entrega. Cualidades que también tienen todos los bomberos con los que me he cruzado. Un héroe ha muerto. Uno de esos a los que vi salvar vidas en directo. Su recuerdo me hará defender con más convencimiento que todos los bomberos sean trabajadores públicos pagados digna y justamente. D. E. P.