Manuel García


No hay memoria sin historia ni historia sin memoria. Y recuperar la memoria, la historia, el pasado, nuestro pasado, no solo es una afición sino una obligación. Duela a quien duela. Sin juzgar a Fernando III o a Hernán Cortés con los criterios morales y sociales de hoy -cáncer producto de lo políticamente correcto-, recuperar los hechos es buscar nuestras raíces como personas y como sociedad.

La reflexión viene a cuento a raíz del regalo navideño que me ha hecho el investigador Manolo Pazos: un libro recientemente publicado por la editora Alvarellos, con la ayuda del Concello de Oroso y la Asociación Cultural Obradoiro da Historia.

Su título es Aramados, y su autor, Manuel García Gerpe, nacido en Ordes en 1908, dirigente de Izquierda Republicana en su comarca natal y que al final de la Guerra Civil tiene el empleo de capitán del Cuerpo Jurídico Militar del Ejército (obviamente del leal a la Constitución, no del sublevado). Empieza ahí otra peripecia vital como la de tantos otros, pero con más suerte: tras pasar por un campo de concentración francés acaba en Buenos Aires, donde moriría en 1949.

García Gerpe deja negro sobre blanco su experiencia, que ahora se rescata con este libro (traducción del profesor Miro Villar). Leerlo desapasionadamente pone los pelos de punta porque uno se sumerge en esas escenas durísimas que relata. Pero es que esa es también nuestra historia, la de los gallegos de hoy, voten a quien voten, intenten ignorar el pasado o no. De ahí venimos. De ese período convulso que, queramos o no, sigue gravitando sobre nuestras vidas. No se trata de olvidarlo sino al contrario: de que sirva de catarsis para poder estar seguros de que nunca se repetirá.

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