Santiago / la voz

El nerviosismo, una noche de insomnio, difícil desayunar... De lo poco que no cambió para los más de 2.800 estudiantes que este año afrontaron las pruebas de la ABAU en Santiago respecto a los cursos anteriores. El resto de circunstancias poco tuvieron que ver: fecha distinta, mascarilla, una mayor distancia en las aulas que obligó a habilitar más espacios -fueron once en Económicas donde se marcaron dos entradas diferentes-, cintas y señales indicando itinerarios, geles, medidas extraordinarias de limpieza, además de unos exámenes que daban más opciones para elegir, que era lo único que contribuía un poco a rebajar la tensión. «Ao ser o modelo de exame máis doado, pois tranquiliza un pouco», comentaban Alejandro Pombo y Daniel Varela, del IES Xelmírez II, mientras aguardaban el llamamiento pasadas las nueve y cuarto.

Los nervios inevitables -«xóganse moito», recordaba un profesor del IES de Ordes-, convivían con las ansias de terminar cuanto antes: «O xoves ao mediodía xa somos libres», vociferaba uno de los estudiantes. «Foi un curso duro de por si e o que temos é ganas de que acabe», explicaba Lucía Iglesias, del IES de Melide, indicando que «os últimos días foron os peores», cuestión que corroboraba su compañera Lara Costa. «Foi complicado porque tardamos moito en saber como ía ser a selectividade», añadían Xanaia, Sofía, Uxía, Dolores y Carla, también del centro melidense, en uno de los corrillos que se formaban a las puertas de Económicas. Si en las aulas había distancia para poder sacarse la mascarilla, en el exterior y la zona de llamamiento la cercanía era mayoritaria.

El confinamiento por el covid-19 trastocó más de un plan. Así le sucedió a Iván Fernández, del IES Cacheiras, que no pudo lograr la nota que aguardaba, aunque reconoce que la situación «me ayudó con las asignaturas que no se me dan muy bien». Por su parte, las alumnas del Xelmírez II Sara Bermúdez y Zuriñe Leite incidían en que «fue raro estudiar de manera individual», apuntando, eso sí, que la mayor flexibilidad en las pruebas ayudó en la preparación. «Era imprescindible esa flexibilidade para non prexudicar a ninguén porque o mestre decide a orde das clases. Esperemos que sexa a suficiente para que compense o problema que tiveron», aseguró uno de los profesores que acompañó a los estudiantes de Ordes. Recordó, además, que «os meses de encerro teñen que pesar moito». Un hecho que destacaron algunas madres. «Estaban agotados», explicaron Silvia y Mari Carmen, que trasladaron a sus hijos. Añadieron que una de las cuestiones está en si obtienen la nota necesaria, puesto que prevén que se eleven.

Otra de las situaciones análogas con otros cursos fue que con la primera prueba, Historia de España, se disiparon buena parte de los nervios que acumulaban los estudiantes. «Estaba supernervioso pero, ao ver o exame, dixen: ‘Non é para tanto'», afirmó Gabriel Lago, del IES Campo de San Alberto (Noia), que junto a dos compañeras, las hermanas Nuria y Alexia Alcalde, comentaban que la prueba había sido fácil: «Puderon poñelo moito máis difícil». Una impresión que corrobora Ander Varela, del IES de Melide. «Foi máis doado do que pensabamos porque, ao ter máis opcións, hai máis probabilidades de que entre o que sabes. Era o exame ao que máis medo lle tiña e oxalá saia así todo», afirmaba. También con buena sensaciones salió María Molinos, de Noia, «foi mellor do que pensaba. Tiñamos moito onde escoller». Los nuevos protocolos no causaron especial problema a los estudiantes al poder retirar la mascarilla. «Non sabemos como sería en circunstancias normais e intentámolo levar o mellor posible», decían alumnas melidenses. En Santiago, las pruebas se distribuyeron en ocho centros, donde estaban citados más de sesenta centros educativos.

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«Ao ser o modelo dos exames máis doado, tranquiliza un pouco»