Una tierra de tesoros aún por descubrir

RUTAS A SALTO DE MATA Toques destaca por los paisajes de ensueño, su muestra de la riqueza autóctona, y sus tesoros artísticos y arqueológicos


toques

Toques es la niña mimada de la naturaleza y de la historia pasada en la comarca Terra de Melide. En sus cerca de 80 kilómetros cuadrados se esconden auténticos tesoros para quien no quiera dejar pasar la oportunidad de pisar un mosaico de vestigios arqueológicos, arquitectura religiosa y magníficos parajes naturales.Del vasto patrimonio del municipio sobresale la iglesia de San Antolín, en la parroquia de Santa María de A Capela. Es la única edificación que se conserva de un antiguo monasterio benedictino, del siglo X. En la ermita, primer testimonio de la arquitectura gallega del prerrománico, destacan un relieve fechado en el siglo XI con características de la cultura asturiana y un calvario de madera de época posterior relacionado con trabajos ingleses. El interés de esta señal de identidad del concello de Toques también reside en su propia historia. Tras la desamortización del convento, hacia el año 1843, se instaló en él una fábrica de clavos impulsada por promotores franceses y cuyos restos aún se pueden ver en las inmediaciones del templo sobre el río que atraviesa por el lugar. La iglesia de San Antolín y su entorno, repleto de frondosa vegetación, dibujan una estampa bucólica y con cierto aire romántico, a la que sólo desvirtúan un primer acceso semiurbanizado con estética poco acorde y la hilera de panteones que miran al templo. Ubicado a 600 metros de altitud, los cerca de tres kilómetros de descenso por el asfalto que conduce a la carretera que une Toques con Melide se antojan como un improvisado mirador, desde el que divisar, salvando las «lindezas» urbanísticas, el paisaje del municipio. Para disfrutarlo en todo su esplendor, son visita obligada las conocidas como Fervenzas, una cascada donde el río Porto Salgueiro se desploma por un desnivel de más de 40 metros y a lado de la que se conserva un viejo molino restaurado. Para llegar a este enclave se toma la carretera que parte de Melide; pasados unos 12 kilómetros, a la altura de la aldea de Brañas, un indicador señala al visitante el camino a seguir. Pasadas las viviendas, es recomendable circular con extrema precaución pues al lugar se accede por un sinuoso y estrecho camino sin asfaltar al que se añade el inconveniente de la falta de espacio para estacionar.

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