Arzúa y Melide


Viendo la información que publicaba este periódico hace unos días, uno puede entender que en Galicia se vayan despoblando algunos municipios. Las causas son muy complejas, y no es la menor la fijación en el subconsciente colectivo de que se vive mejor en el piso de una ciudad que en una casa con jardín. Amén de que algunos estereotipos se han anclado en la sociedad gallega con una fuerza que va a ser difícil desanclarlos, como que nunca fue tan difícil traer hijos al mundo cuando, se mire como se mire, nunca fue tan fácil. Si a ello se le suma el más que dudoso sentimiento de país con futuro -¡aunque lo tiene!-, ya está completo el cuadro. Suecia sabe mucho de eso: ha remontado los índices de fecundidad de una manera espectacular. Y no, no se cobran las cantidades que vox populi hace circular por redes sociales.

Por eso dentro de la comarca no puede menos que asombrar que Arzúa y Melide, concellos con paisajes maravillosos, cerca de Santiago y con una (¿innecesaria?) autovía en ciernes, pierdan población. Es decir, lugares que pueden considerarse idóneos para vivir en el campo, no lejos de una ciudad, con servicios. Desde luego, con un urbanismo que no alcanza el aprobado, con la excepción de los minúsculos núcleos históricos, pero con monumentos y lugares de encuentro como las plazuelas. Ambos han sufrido también las fake news: en Arzúa y en Melide hace mucho frío. ¿Más que en lugares de Oroso donde ayer llegaron a 7 bajo cero?

Claro está que si uno quiere vivir en el centro de la urbe porque eso es lo que le gusta nada de lo anterior vale. Pero, ¿de verdad todo el mundo quiere complicarse la vida en los semáforos y buscar sitio donde aparcar?

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