A vueltas con la basura

Emma Araújo A CONTRALUZ

AMES

Una de las cosas que más enerva a los vecinos es que las calles estén sucias y la basura campe a sus anchas. Y si todo esto pasa cuando el buen tiempo está al caer la cosa se complica. Por este motivo, cuando una de las partes que interviene en las tareas de recogida quiere conseguir algo, lo más eficaz es mostrar lo mucho que importa su labor. En esta tesitura están en Ames, en donde desde hace semanas no se quitan de encima la pestilente certeza de que algo huele mal en todo este conflicto, con el agravante de que la teoría de que el que paga exige no sirve cuando en la negociación sobran intermediarios.

El malestar que los vecinos acostumbran a exhibir cuando la basura invade las calles merece una reflexión aparte, porque si de algo cojea la conciencia ciudadana es del escaso cuidado por el volumen de residuos que genera y como se involucra a la hora de minimizar su impacto.

Llama la atención en este conflicto que en ningún momento esté sobre la mesa cómo reducir el impacto y preocupaciones que generan nuestros residuos, ni los salarios irrisorios de quienes recogen nuestras miserias y excesos, lo que permite a las empresas rebajar hasta límites difícilmente justificables el coste del servicio. Y todo porque, en resumidas cuentas, cuando el tufo se cuela por la ventana de cada uno lo único que nos preocupa es que nos quiten la porquería sin que importe demasiado dónde acaba, porque en este conflicto hasta hay quien protesta porque con tantos residuos en los contenedores hay a quien les molesta la imagen de personas buceando en nuestras bolsas.