«Ad Limina»

Cristóbal Ramírez

SANTIAGO

Podría coger un artículo de hace justo un año, cambiarle la fecha y reproducirlo, y además empezando por la crítica: presentar una revista a finales de julio hasta debería estar prohibido en la legislación. Uno no tiene ni la mínima esperanza de que si se hace en otra fecha vayan a acudir profesores de Historia ni, mucho menos, estudiantes de dicha facultad, pero seguro que el impacto social será mayor.

Porque lo curioso del caso radica en que «Ad Limina» es, a años luz de distancia, la mejor publicación de cuantas se ponen en el mercado jacobeo. Una revista específica de investigación de ese fenómeno milenario que ha movilizado a millones de personas de todo el planeta hasta llegar al (feliz) sinsentido de que el país que más peregrinos envía se llama Estados Unidos, donde, por supuesto, jamás existió Camino de Santiago alguno. Dicho sea de paso, este número contiene un excelente trabajo sobre los devotos medievales firmado por la investigadora francesa Adeline Rucqoi, del Comité Internacional de Expertos. En fin, larga vida a «Ad Limina».

Y un apunte que nada tiene que ver con lo anterior: la semana pasada arribó a Compostela, poniendo un pie delante del otro, Jorge Catalá, y se ha convertido en el ejemplo de cómo la acción en el exterior da sus frutos: él enseña en la universidad británica de Newcastle, donde hace un decenio se ignoraba todo lo del Camino. Newcastle es ahora, junto con la universidad de Durham, el potente núcleo de activismo jacobeo en Inglaterra. Generan conocimiento, promueven esta ruta milenaria y el propio profesor Catalá sigue queriendo experimentar en sus carnes de qué va eso de la peregrinación. ¡Bienvenido y que sigan sus pasos muchos más!