Isabel Redondo: «Este año me jubilo feliz al ver que Vite es ejemplo nacional de envejecimiento activo»

Olalla Sánchez Pintos
Olalla Sánchez SANTIAGO

SANTIAGO

La cacereña de nacimiento, y compostelana de corazón, es, desde el 2000, la trabajadora social del centro de salud de ese barrio compostelano, desde donde logró que varios programas fuesen pioneros y referentes. «Hablé del envejecimiento activo de Vite hasta en La Habana», evoca

01 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Cumple 65 años aún el 16 de septiembre, fecha en la que oficialmente se jubilará, pero desde hace días, adelanta a sus pacientes su próximo retiro. «Se alegran por mí, pero también lo sienten… Llevo mucho en Vite, desde el 2000», razona risueña Isabel Redondo Zambrano, la cacereña que se hizo un nombre por su entrega como trabajadora social en el centro de salud de ese barrio compostelano —también pasa consulta en el de Galeras y lleva dos cupos del Concepción Arenal— y por impulsar desde él programas convertidos en referente. «Es una satisfacción ver que la experiencia de Vite se convirtió en ejemplo nacional de envejecimiento activo. Me jubilo feliz por ello y por contribuir, con mi granito de arena, a que los vecinos lleguen a los 80 años con nociones básicas de cuidarse», acentúa. «Durante más de 40 años pude realizar un trabajo social comunitario, hacer barrio, no circunscribirme al despacho, y eso es lo que me gusta», destaca vocacional.

«Cursé Trabajo Social en Zaragoza, logrando luego la diplomatura. Años después, tras salir el grado, lo cursé también a distancia. En 1984 fui una de las primeras trabajadoras sociales del país que entraron a formar parte de la atención primaria», evoca con un carácter pionero. «Al año siguiente, a mis 23, y trabajando en Mérida en planificación familiar, empezamos a impartir educación sexual desde sexto de EGB y en institutos. Fue rompedor», señala.

«En Zaragoza ya había conocido a Luis, mi marido, un lucense con el que llevo 45 años, y con el que me vine a Galicia. Llegamos a Vigo en 1991 y, tres años después, nos trasladamos a Santiago. Aquí nació mi segunda hija», enlaza, y explica cómo, tras un primer destino en Fontiñas y después de sacar la oposición y ser destinada al antiguo Hospital Xeral y al centro de salud de A Estrada, en el 2000 recaló en el de Vite. «Había gente que se extrañaba de que solicitase ese destino, al ser un barrio que arrastraba un estigma de marginalidad. Sin embargo, siempre pongo en valor que me encontré un barrio residencial. Aquí vi pocos casos de drogas o problemas sociales graves. Hoy en día muchos jóvenes regresan a vivir aquí. Es una zona con servicios y zonas verdes», subraya.

«Al llegar sí me encontré un sitio envejecido, con cronicidad y mucha dependencia. Personas que cuidaban a dependientes también frecuentaban la consulta por estrés o patologías osteoarticulares. Nos decidimos a iniciar un programa para ayudarles. En el 2008 nació "Cuidando al cuidador". Eso lo ampliamos luego a todos los que quisiesen cuidarse con un programa de envejecimiento activo y saludable. A mí me encanta documentarme, estar al día; yo notaba que cuando aún nadie hablaba de ello, nosotros teníamos claro el horizonte. Nos empezaron a llamar de congresos para relatar nuestra experiencia. Hablé del envejecimiento activo de Vite hasta en La Habana», evoca. «Cada jueves por la tarde, fuera del horario laboral, montábamos en el centro de salud tanto talleres para prevenir un deterioro psicosocial como de agilidad mental, alimentación, actividad física, control de las emociones, salud sexual, ocio y tiempo libre... Muchos sábados llevábamos a los vecinos de excursión, incluso a Portugal. Luego redujimos las salidas a visitas culturales por la ciudad. Ese programa se frenó, por falta de financiación, en el 2023», lamenta, sin dejar espacio al desánimo.

SANDRA ALONSO

«En el 2019, y al notar que muchas personas vivían aquí solas —hay más de 160—, con muchas mujeres viudas, lanzamos otro programa, el de soledad no deseada, al que nos ayudan muchos vecinos, que rebautizamos como padrinos y madrinas. Ellos acompañan a esas personas o les hacen tareas como ir a la farmacia. Es un gusto ver la red vecinal que se creó; fue de enorme valor durante la pandemia», resalta.

«Este año me jubilo, pero no me desvincularé. Quiero hacer un voluntariado en la Asociación Galega de Axuda aos Enfermos con Demencia Tipo Azlhéimer y seguiré en el Consello de Saúde de la ciudad, como experta en envejecimiento activo. Por estaciones nos refugiaremos de la lluvia en Montánchez, mi comarca cacereña natal. Retomaré aficiones como la pintura. Pero no me iré de Santiago. Mi corazón está aquí», realza.