Burka, no

Cristóbal Ramírez

SANTIAGO

23 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Por una vez y sin que siente precedente, Vox ha tenido una iniciativa que no provoca náuseas. Líbreme el Apóstol de que tal iniciativa despierte mis simpatías hacia un grupo supremacista, retrógrado, manipulador y demagógico. Pero la moción del martes pasado, apoyada por el PP, es digna de aplauso —excepto por el razonamiento expuesto—: fuera burkas y fuera nicabs en los espacios públicos. No son nuestra cultura y sí evidentes símbolos de sumisión de la mujer al hombre, algo inadmisible en Europa. Dicho eso alto y claro, hay que recordar que hace un par de años una mujer con burka llevaba a su hijo a la parada del bus escolar en la recta que pasada Agualada enfila hacia Sigüeiro; o el marido la ha encerrado en casa para siempre o ha dado orden de cambiar de domicilio. Hay que recordar también que hace unos meses una comisión de padres acudió al despacho del alcalde de Lalín para pedir que en el CEIP no se sirviera carne de cerdo a sus hijos, que ya hay que tener o despiste o bemoles. Y procede recordar, en fin, que es mejor prevenir que lamentar, y que si en el instituto a su hijo no lo dejan estar en clase con una gorra de béisbol o una boina de las de toda la vida no se puede consentir que una muchacha vaya con la cabeza cubierta. O todos o ninguno.

Y al que no le guste tiene la opción de cambiar de país. Por suerte, el pequeño grupo de inmigrantes que vive en Sigüeiro está bien integrado. No ha habido conflicto alguno, entre otras cosas gracias a una gestión inteligente y apartada de los focos del alcalde de turno de entonces, hace media docena de años. Que se necesitan inmigrantes solo lo niegan los ciegos. Que tienen derechos, ídem. Pero la ley es para todos.