Así celebró en Santiago la familia Cheng Huang la entrada del primer mes lunar
18 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.El lunes por la noche la familia Cheng Huang celebró en Santiago la entrada del Año Nuevo chino, la festividad tradicional más importante en el calendario de su país de origen, y ayer empezaban a 10.000 kilómetros de allí el 4724, el año del caballo de fuego. Recuerda el hijo mayor, Chaofeng, más conocido como Charly desde que llegó a Galicia (con 10 años), que de pequeño celebraba con sus abuelos y algún primo la llegada del primer mes lunar: «Allí lo típico es que se junte toda la familia directa. Mis padres, tíos y mi hermano menor ya vivían en España, por lo que no estábamos todos. Una tradición que esperan mucho los niños es el sobre con dinero que te regalan los adultos para darte buena suerte para el año nuevo. Allí se hace una cena con platos típicos y luego se ve el programa especial de la televisión estatal en el que salen los mejores talentos. Hay espectáculos en la calle y fuegos artificiales, y los jóvenes disfrutaban mucho tirando petardos por la noche en mi época, algo que cada vez se lleva menos».
Explica Charly que desde que viven en Europa han perdido la mayor parte de estos ritos: «Nos seguimos juntando todos para la cena, mis padres, tíos, primos, mi hermano Chao [de 28 años] y yo [de 35]. Vemos el programa de Año Nuevo a través de internet y solemos tomar hot pot, que básicamente es un fondo de sopa en el que se vas cociendo ingredientes a tu gusto, porque la olla permanece permanentemente caliente sobre la mesa. Y, entre los platos fríos, solemos tomar el típico pato pekinés, hecho tal y como servimos nuestro restaurante, Sabores de Qingtian, con los condimentos de nuestra región, aparte de tortilla francesa. China es tan grande que hay una variedad gastronómica enorme y cada uno tira por lo tradicional en su zona. Eso sí, no somos mucho de postres y no es algo que suela tomar allí».
Aquí no hay fiesta de puertas para afuera de su casa, ni puestos callejeros y tampoco pueden salir a tirar petardos. Como su restaurante cierra todos los lunes, no tuvieron que trabajar ni servir cenas en su equivalente a Nochevieja y, ayer, retomaban la actividad con normalidad en el establecimiento abierto hace tres años y medio en la rúa de Fernando III O Santo, con una única salvedad: el primer día del año chino no se barre porque se cree que toda la buena suerte entra en las casas y, pasar la escoba o el aspirador, implica sacarla fuera. A partir de hoy, los suelos volverán a limpiarse, indica Charly, quien explica que no han puesto una decoración especial en su restaurante por el Año Nuevo —como sí suelen hacer algunos locales de Madrid y otras grandes capitales— porque la gran mayoría de sus clientes son españoles y apenas tienen público de origen chino.
«En China hasta el día 5 es festivo y todos salen a festejar», añade el treintañero, quien explica que su familia no se toma un descanso en el negocio familiar estos días y siguen trabajando en el horario habitual: «En estos tres años la gente nos ha cogido bastante cariño y les encantan nuestros entrantes: las gyozas caseras, los baos, los rollitos de primavera y el típico pollo kung pao».