La línea plana que dibuja Compostela en su política de vivienda —mejor, en la falta de ella— fue puesta negro sobre blanco por el Colexio Oficial de Arquitectos de Galicia con su reciente informe de visados de obra nueva. Se podrá argumentar lo que se quiera desde las tribunas políticas, pero la cruda realidad es que la capital de Galicia es totalmente inaccesible para miles de personas que desean desarrollar sus proyectos de vida en ella. Y esta debería ser la primera prioridad de quienes la gobiernan, con la colaboración de todas las administraciones implicadas, la Xunta en primera instancia. Pero no. Han pasado casi tres años de este mandato y la vivienda es un lujo de segunda mano que está fuera del alcance de los bolsillos medios, simplemente porque no se han puesto en marcha ni tratamientos urgentes de choque para empezar a darle la vuelta a una situación que viene de lejos ni las bases para revertir este drama social en el medio plazo o más allá. El concejal de Urbanismo respondió a los datos incuestionables de parálisis de la construcción de vivienda nueva con el argumento de la rehabilitación, y eso está bien, por ni de lejos es suficiente, no es alternativa, ni lo será salvo que se incentive con un decidido apoyo público para poner al día el parque residencial tan deteriorado de las zonas menos atractivas del Ensanche y de los barrios; por supuesto, también el del casco histórico, con una normativa actualizada que favorezca una habitabilidad adaptada a los tiempos que corren y que combata la especulación. No hay incentivos, salvo por la ineficaz vía del castigo impositivo, para poner en circulación la enorme bolsa de pisos que permanecen vacíos. Es necesaria una oferta de vivienda pública, de precios controlados, como lo fue Fontiñas a finales del siglo pasado. Pero el ensanche norte apenas está dibujado en el papel. Los promotores inmobiliarios compostelanos huyen de este desierto hacia otros concellos cuyos gobiernos sí tienen clara su política de vivienda. Por ejemplo, ahora mismo están construyendo un gran barrio nuevo en A Coruña y edificios residenciales en Oleiros —concello al que ponen como modelo de gestión urbanística—, pero les gustaría volver a construir su ciudad. Y no les dan opción.