Los arquitectos de la expiación moderna y de la reparación, con estudio en Compostela

Patricia Calveiro Iglesias
Patricia Calveiro SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO

Cristina Nieto y Luis Gil crearon un confesionario atípico para la capilla del Pilar, aunque acabaron también en las de Mondragón y Virgen Blanca. Explican que un diseño, sea cual sea, nunca nace de cero ya que va en comunión con el contexto que lo rodea, en especial este. Pese a la aparente sencillez del mueble, está todo muy pensado, desde la carpintería tradicional (sin usar ni clavos ni tornillos, sino uniones espigadas) hasta su calefacción e iluminación. Hay una complejidad luminaria para que el penitente, arrodillado, tenga una luz rasante y no se le vea el rostro, al tiempo que el clérigo, sentado, tiene un foco de luz abierto que le permita ponerse su misal para oficiar el sacramento. Los confesionarios de Nieto y Gil se instalaron en la Catedral en pleno año Xacobeo, en el 2021.
Cristina Nieto y Luis Gil crearon un confesionario atípico para la capilla del Pilar, aunque acabaron también en las de Mondragón y Virgen Blanca. Explican que un diseño, sea cual sea, nunca nace de cero ya que va en comunión con el contexto que lo rodea, en especial este. Pese a la aparente sencillez del mueble, está todo muy pensado, desde la carpintería tradicional (sin usar ni clavos ni tornillos, sino uniones espigadas) hasta su calefacción e iluminación. Hay una complejidad luminaria para que el penitente, arrodillado, tenga una luz rasante y no se le vea el rostro, al tiempo que el clérigo, sentado, tiene un foco de luz abierto que le permita ponerse su misal para oficiar el sacramento. Los confesionarios de Nieto y Gil se instalaron en la Catedral en pleno año Xacobeo, en el 2021. SANDRA ALONSO

Gil y Nieto, premiados por el confesionario que diseñaron para la catedral de Santiago, destacan por poner el mismo mimo al recuperar patrimonio que en algo nuevo

08 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

En varias capillas de la catedral de Santiago los pecados se expían ahora sin esconderse dentro de cajas de madera ni entre cortinas aterciopeladas que guardan oscuros y deshonrosos secretos. Desde hace unos años, hay unos confesionarios de estructura abierta, que dignifican el momento de reconocer y pedir perdón como un acto propio de la buena moral, en vez de ocultarlo, a la vez que mantienen la privacidad entre el penitente y el sacerdote a través de una mampara, que separa a ambos y los une a la vez. Detrás del diseño de este insólito mueble de madera local de castaño, reconocido por los Premios Arquitectura en Madera Cesuga en el 2023 y en los Próximos del Colexio Oficial de Arquitectos de Galicia (COAG) en el 2024, está un estudio con sede en Compostela. Lo integran Luis Gil Pita (Cercedo, 1968) y Cristina Nieto Peñamaría (A Coruña, 1968). Ambos formaron parte de la misma promoción durante la carrera, pero no se conocieron ahí, sino en el estudio de Manuel Gallego, y formaron su propio tándem arquitectónico en el 2004.

En este tiempo han dejado huella tanto en el campo de la rehabilitación del patrimonio histórico, tradicional y contemporáneo que nos rodea y presumen de poner el mismo mimo en la conservación de monumentos centenarios como en la creación de algo nuevo. Por sus manos han pasado, y «hemos tratado con la misma delicadeza» —destacan —, desde la Casa da Parra (un proyecto que entregan ahora) y otros bienes de interés cultural como la Casa Museo de Rosalía de Castro en Padrón hasta el plan director de rehabilitación del Centro Galego de Arte Contemporáneo (CGAC) o la obra en uno de los antiguos pabellones del Burgo das Nacións convertido en los años setenta en la escuela infantil Santa Marta, entre una larga lista de intervenciones, que acumulan menciones y premios de ámbito nacional y autonómico.

«No solo trabajamos en el ámbito público, también hacemos viviendas para clientes privados. Los proyectos de arquitectura patrimonial han sido azarosos. A nosotros nos gusta usar en ese caso la palabra reparar, por su sentido en el castellano antiguo y en el gallego-portugués: reparaches indica darse cuenta y, en este contexto, lo entendemos como reparar en los valores de la arquitectura construida en otro momento y rescatarlos. Creo que lo que nos caracteriza es eso, el pararnos a reparar. Y, el ponerle esa atención o cuidado especial, parece que nos ha ido conduciendo a tratar con clientes públicos y privados por igual», destaca Luis, vecino del barrio santiagués de Santa Marta y vocal de Cultura del Colexio Oficial de Arquitectos de Galicia. Su estudio tiene también una larga experiencia en el diseño y comisariado de exposiciones y constatan Gil y Nieto que «el mundo del mueble siempre nos ha interesado. Es lo que, al final, genera carácter dentro de la arquitectura».