Marcelo Tejedor reabre Mr. Chu: menú único de tonkatsu, solo un mes y 800 panales recubriendo desde las paredes hasta el techo del comedor
SANTIAGO
El chef hace una oda japogallega a uno de sus platos favoritos, en un regreso de su segundo restaurante de Santiago con fecha de cierre inminente
07 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Hace siete años abría Marcelo Tejedor su segundo restaurante en Compostela, Mr. Chu, a pocos metros de Casa Marcelo (con una estrella Michelin). Este nuevo proyecto nació para dar rienda suelta a una de las grandes pasiones de este genio de la cocina. «Soy un fanático de la cocina asiática en general: la japonesa, tailandesa, china... Una de las cosas que más me gusta es la comida callejera, informal, pero súper sabrosa, y quería ofrecer algo así en Santiago», explica el chef, que logró sorprender a todos no solo con su propuesta culinaria inaugural, sino también con un interiorismo de lo más original, que no dejaba a nadie indiferente. Llevaba solo unos meses abierto cuando llegó el confinamiento y el covid frenó su despegue. Luego, vino un problema con la extracción de humos, explica el hostelero, quien dio su último servicio en Mr. Chu en el 2023 y este mes lo reabrió con un menú distinto, de forma efímera y con nuevos elementos decorativos que disparan los sentidos.
Desde el 3 de febrero y hasta el día 28 servirá aquí un menú único cerrado por 35 euros (sin bebida), con el que hace una oda japogallega a uno de sus platos fetiche, revela: «He viajado muchas veces a Japón y probé allí el tonkatsu, que es una elaboración de cerdo empanado. Yo hago un tonkatsu basado en el tradicional japonés, con un toque mío personal, aprovechando que tenemos un material estupendo aquí como es el cerdo de castaña». El plato, explica, incluye también desde vegetales hasta arroz, encurtidos y salsas. «La respuesta está siendo muy buena y, al igual que yo, he descubierto que hay mucha gente aquí para la que el tonkatsu es uno de sus platos preferidos. Me alegra mucho que me digan que está buenísimo. El objetivo, al final, es contribuir a animar la ciudad y darle mayor vidilla en este mes frío y lluvioso, para olvidarnos del mal tiempo por un momento», dice Marcelo, quien nos advierte de que su intención era respetar el menú tradicional japonés, por lo que no la opción más recomendable para personas vegetarianas o con ciertas intolerancias —aunque, aun así, tratan de dar «una alternativa digna» si se dan estas circunstancias—. En la carta de bebidas hay tanto vino por copa como cerveza de barril, agua y refrescos, si bien valora la posibilidad de «meter algo con sake, puede que antes de que acabe el mes». Eso sí, sigue sin tener café, en eso es inflexible.
Decidió, además, que Mr. Chu vuelva en un formato de pop-up y solo abrirá este mes, con una propuesta gastronómica informal, por lo que no se hacen reservas «para ceñirnos al concepto original del tonkatsu en Japón». ¿Y qué sucederá a partir de febrero? «No sé lo que pasará. Me quiero tomar unos días libres, las típicas vacaciones que no he podido tener durante el último año y medio, y tendré tiempo para pensar qué hacer con Mr. Chu», responde el cocinero. Cuando se le pregunta por el origen del nombre del restaurante suelta una gran carcajada. «Nace de un sobrenombre cariñoso familiar. En mi casa me llamaban así, Chusqui o Chusquiño, y de ahí me quedó el Chu. Ahora estamos con el tonkatsu [el final de la palabra, fonéticamente, suena parecido a un /chu/]... ¡El ‘chu’ me persigue!», exclama divertido Marcelo, quien ha renovado la ambientación en la sala, con una luz muy tenue y 800 panales de cera de abeja recubriendo paredes y techo. «Añadimos una capa muy fragante de aroma de miel con la colaboración de un vecino de la calle, Apiyago, siguiendo una idea que me propuso el decorador jefe, Gaspar Sobrino, y enseguida me gustó», indica el chef.
Ahora los visitantes ya no solo sacan el móvil fascinados por el ejército de gatos de la suerte que continúan en los baños, también en un comedor convertido en una especie de colmena cálida y melosa. «El Mr. Chu tiene ese efecto, que la gente flipa con todo el envoltorio», constata el propietario del restaurante, un local pequeño y acogedor con capacidad para unos 22 comensales.